Paseos por el París del Mayo del 68

LA SORBONA. La histórica Universidad de la Sorbona fue uno de los epicentros de la insurrección. Allí se atrincheraron los estudiantes durante semanas. Quizás por eso, aún hoy, y ante las recientes movilizaciones, el acceso está muy limitado. Se organizan visitas guiadas un sábado al mes, aunque no es fácil obtener un ticket. La plaza de La Sorbona es un buen lugar para hacer un alto en el camino. En la Brasserie L’Ecritoire, su dueño bretón hace traer cada día ostras frescas de su tierra." data-share-imageurl="http://magazinedigital.net/sites/default/files/field/image/513218909.jpg">

LA SORBONA. La histórica Universidad de la Sorbona fue uno de los epicentros de la insurrección. Allí se atrincheraron los estudiantes durante semanas. Quizás por eso, aún hoy, y ante las recientes movilizaciones, el acceso está muy limitado. Se organizan visitas guiadas un sábado al mes, aunque no es fácil obtener un ticket. La plaza de La Sorbona es un buen lugar para hacer un alto en el camino. En la Brasserie L’Ecritoire, su dueño bretón hace traer cada día ostras frescas de su tierra. Hay también un interesante menú por 35 euros. Al lado, para bolsillos más ­modestos, la Brasserie Los Patios ofrece como especialidad el pastel de queso con fruta de la pasión. El barrio está plagado de librerías especializadas. Y si visitan París antes del 2 de junio, no se ­pierdan una tienda de artículos para fumadores, Au Caïd, fundada en 1878 y que anuncia el cierre. Está justo delante de la universidad.

CRUCE ENTRE LAS CALLES SAINT-JACQUES Y GAY-LUSSAC. Las calles del Barrio Latino próximas a la Sorbona vivieron las escenas de mayor violencia entre la policía y los estudiantes. Un lugar emblemático fue el cruce entre Saint-Jacques y Gay-Lussac. Allí está, todavía hoy, la Casa de los Océanos, un bello edificio de estilo florentino propiedad de la fundación del príncipe de Mónaco. Delante había una verdulería, Maison Marie, hoy reconvertida en restaurante del mismo nombre. Allí se puede degustar cocina clásica francesa. En las inmediaciones, para un bocado rápido, encontrarán una curiosa “crepería a la japonesa”, Mayya. Y para los amantes de la cultura francófona, la Librerie du Québec.

NANTERRE. En la periferia oeste parisina prendió la mecha de la revuelta. Allí estudiaba Daniel Cohn-Bendit, Dany el rojo, líder del movimiento. El campus de la Universidad de Nanterre, levantado en 1964, estaba rodeado de barracas. El contraste social era muy fuerte. El visitante podrá ver en algunas paredes de edificios universitarios murales del arte callejero inspirado en el Mayo francés. 

TEATRO ODÉON. Fue ocupado por el comité de acción revolucionaria y se convirtió en lugar de encuentro de estudiantes, artistas y obreros. El barrio sigue teniendo un sabor inconfundible. Está al lado del Jardín de Luxemburgo, cuya valla exterior exhibe, hasta mediados de julio, una excepcional exposición de imágenes de la naturaleza del fotógrafo Olivier Grunewald. Cerca del Odéon hay excelentes restaurantes como Le Méditerranée, con platos de verduras de Provenza y segundos como el cangrejo con cítricos, aguacate y cilandro, y librerías. Merece una parada la F. Rossignol, donde venden incunables incluso del siglo XVI, ediciones originales y libros de medicina antigua. Delante del teatro se halla el edificio del antiguo Café Voltaire, hoy sede de la editorial Flammarion. 

CAMPOS ELÍSEOS. La avenida por antonomasia de París, que albergó el 30 de mayo de 1968 una masiva manifestación de apoyo al general De Gaulle. Fue contrapunto de la revolución, una llamada al orden, patriótica, con banderas tricolor y el canto de La marsellesa. Ahora el bulevar ofrece de todo al paseante. Templos de superlujo, cines, la Brasserie L’Alsace –grandes caracoles de Borgoña a todas horas– o el restaurante Fouquet’s –caviar de 38 a 380 euros, según ración, y copas de champán a 24 euros–. Hay quien diría que quizás es algo incoherente con la revolución de hace medio siglo. 

ACTOS Y EXPOSICIONES. Son muy numerosos los actos, debates, conferencias, exposiciones y libros que se dedican este año a rememorar el Mayo del 68 y a analizar, con perspectiva, sus profundos efectos en la sociedad, dentro y fuera de Francia. El Centro Pompidou organiza una serie de manifestaciones pluridisciplinarias en su foro, bajo el título de Mayo del 68-Asamblea general, del 28 de abril al 20 de mayo. En el Palacio de las Bellas Artes, la muestra Imágenes en lucha. La cultura visual de la extrema izquierda en Francia, 1968-1974 plasma, hasta el 20 de mayo, la efervescencia que se vivió en aquel periodo. Una visión más histórica la da 68, los archivos del poder, que puede verse en los Archivos Nacionales del 3 de mayo al 22 de septiembre. En el Palacio de Tokio, el artista callejero Escif reproducirá en un mural monumental, en la fachada trasera del edificio, los escritos provocadores y los grafitis que, bajo la euforia revolucionaria, se escribían hace medio siglo en los lavabos parisinos. La revista Le Nouveau Magazine littéraire ha montado un ciclo de encuentros, Utopías de ayer, utopías de mañana, para los deseosos de ahondar en el análisis de lo que ocurrió. En Nanterre, cuya universidad fue la espoleta de la protesta, el teatro Les Amendiers organiza un festival, bajo la rúbrica de Mundos posibles, en el que han invitado a creadores que descifran “los territorios utópicos”.

LITERATURA. Uno de los libros más interesantes que se han publicado es L’événement 68, de Emmanuel Loyer. La obra huye de la ritual conmemoración autocomplaciente de Mayo del 68, marcada por el vedetismo de sus protagonistas aún vivos y de sus detractores. Loyer intenta un estudio más sobrio y objetivo de lo que significó. Otro denso ensayo es L’autre pensée 68, de Michel Onfray, que se concentra en el pensamiento filosófico que propició la revuelta y la ideología que dejó en herencia. En la obra 1968. De grands soirs en petits matins, Ludivine Bantigny da voz a millones de actores anónimos de aquella revolución, en toda Francia. Mientras que en La veille du Grand Soir, Mai 68, por el contrario, Patrick Rotman y Sébastien Vassant cuentan la revuelta desde sus centros neurálgicos, desde la Sorbona y las fábricas de Renault en huelga, el Elíseo o la prefectura. En Commémorer Mai 68?, la editorial Gallimard da respuesta a esta pregunta retórica publicando una antología de textos para resaltar que aquellos hechos, en efecto, supusieron una ruptura fundamental en la historia francesa y por qué ejercen todavía una gran fascinación intelectual.