Caminar a buen ritmo

Para sacar provecho a andar no sirve hacerlo de cualquier manera. Hay que tener presente una serie de factores.

El sedentarismo es, para muchos, el mal endémico de la vida moderna. De la mano de teléfonos o tabletas, la inactividad se ha instalado en nuestra rutina diaria, aunque ponerle remedio es más sencillo de lo que parece. Como recuerda la OMS, con 150 minutos semanales de ejercicio físico moderado se evitan las enfermedades asociadas al sedentarismo, cuarto factor de riesgo de mortalidad. Gimnasios, clubes y centros diversos ofrecen un sinfín de actividades y opciones para todos los gustos o necesidades, aunque también hay otra alternativa que pisa fuerte muy que tener en cuenta para aquellos que ni se sienten cómodos en una sala llena de máquinas ni están hechos para la socorrida opción de salir a correr: el power walking.

Iniciación

Aunque pueda parecer algo más complicado, esta modalidad deportiva no es otra cosa que caminar a un ritmo rápido, sin llegar a correr. En realidad, para que a través de esta actividad física se obtengan los resultados deseados, es necesario prolongar cada sesión entre 45 y 60 minutos, caminando a un ritmo acelerado de entre 7 y 9 km/h y, lo más importante, teniendo muy en cuenta la postura y la respiración. Es imprescindible mantener la espalda recta y los glúteos y el abdomen contraídos en todo momento, además de la cabeza alta y la mirada al frente. Los hombros deben echarse hacia atrás, el pecho ha de estar erguido, y los brazos, en un ángulo recto para acompasarlos con las enérgicas pisadas de unos pies cuyas puntas deben elevarse ligeramente. Y, como en toda actividad física, se recomienda empezar poco a poco e ir aumentando el ritmo y la duración según mejora el tono físico, además de calentar los músculos antes de empezar y estirarlos al finalizar, para su óptima recuperación. 

¿Por qué practicarlo?

Como puntos a favor, al no haber impacto en la zancada, las articulaciones sufren menos, por lo que resulta una disciplina menos exigente que el running que cualquiera puede practicar, independientemente de su condición física o edad, y los beneficios son más que evidentes: además de la posibilidad de perder alrededor de 400 calorías por sesión, se tonifican piernas, glúteos, tronco y abdomen y se mejora la flexibilidad y la capacidad respiratoria, así como se reduce el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, osteoporosis o colesterol. De igual modo, la segregación de endorfinas reduce el estrés o la ansiedad.