Ideas para reconectar con la naturaleza

Con la llegada de los fríos muchos urbanitas sienten los mismos síntomas que relatara la escritora suiza Johanna Spyri al publicar en el año 1880 Heidi: cuando la inocente niña que vive con su abuelo en una cabaña de los Alpes es enviada a Frankfurt (Alemania), Heidi se viene abajo, por lo que su padre la manda de regreso a las montañas. Es lo que el escritor norteamericano Richard Louv denomina “síndrome de déficit de naturaleza”. Se trata, pues, de renacer (la palabra natura proviene del verbo latino, nasci, nacer). O si se prefiere, de vivir el éxtasis del ahora, cuando el presente se vuelve infinito, ajeno al pasado más próximo y al futuro inminente. 

La bióloga Katia Hueso, tras residir en muchos países, ha publicado recientemente Somos naturaleza (Plataforma), un libro que recupera la devoción por lo esencial. A poco que puede, Katia se escapa por la sierra de Guadarrama y recuerda las palabras de su antiguo profesor de kárate: “El viento nos enseña a respirar; los árboles, a mantenernos firmes; el bambú, a ser flexibles”. Es decir, la naturaleza como escuela de vida, pero también como terapia contra la multitarea y los teléfonos móviles.

Por su parte, la australiana Anna Carlile, autora de Naturaleza 365 (Gustavo Gili), propone reconectarse con la naturaleza coloreando cuadernos de mandalas, fabricando cordeles con juncos, pintando palos o recogiendo ramitas para colocarlas en pequeños cuencos de arcilla. Hay más pistas...

Ir a tomar viento
La palabra holandesa uitwaaien significa recibir un soplo de aire fresco y expresa lo saludable que es caminar “y sentir cómo las ráfagas de viento te limpian las pesadumbres del trabajo y el polvo de la semana”, explica Katia Hueso, quien conoce bien la expresión.

Scrumper
Este antiguo término inglés significa robafrutas y nombra a aquellos que cogen la fruta que crece en los bordes de los caminos o que ya ha caído madura al suelo, algo que admite hacer Carlile en compañía de sus hijos. “Tiendo a crearme un mapa mental de mi entorno en el cual dibujo las localizaciones donde crecen hierbas, verduras y frutas en terrenos sin dueño”.

Rutas de quietud
En varios espacios naturales de Alemania y Países Bajos hay zonas para que el visitante esté en silencio. El objetivo es disfrutar de la naturaleza con los cinco sentidos, tal y como propone el concepto alemán waldeinsamkeit, compuesto por Wald (bosque) y Einsamkeit (soledad). “Waldeinsamkeit es la sensación de estar a solas en el bosque y de ser uno con la naturaleza”, desvela Carlile.

Imaginar el pasado
Desde una ermita abandonada, una cabaña de pastor o restos de un pajar. “El juego consiste en sentarse y tratar de pensar qué ha pasado: quién pudo vivir allí, por qué está en semejante estado, de dónde sacarían el agua, etcétera”, explica Katia Hueso.

Abrazar un tronco
Aunque el término treehugger (abrazador de árboles) se utiliza en ocasiones para ridiculizar a los ecologistas, “envolver con los brazos a un ser generoso como un árbol puede despertar emociones dormidas”, anticipa Hueso. 

Ecoalfabetizarse
“No es lo mismo ver una bandada de gansos que saber que están haciendo el viaje más peligroso de sus vidas hacia sus áreas de invernada en el Ártico. Ni tocar las rígidas semillas de la jara pringosa (Cistus ladanifer) que conocer que tienen esa estructura para saltar por los aires si hay un incendio y así colonizar la tierra quemada”, explica Hueso, quien con dos compañeras fundó en 2011 el Grupo de Juego en la Naturaleza Saltamontes, una escuela infantil al aire libre.

Jugar con el barro
El pedagogo Francesco Tonucci llama al barro “el príncipe de los juguetes”, pues “no es nada y lo puede ser todo”. Carlile propone ir a las orillas de lagos y riachuelos para encontrar arcilla y hacer cuencos. Y aprovechar el viaje para dejarse penetrar por sonidos, imágenes, texturas, olores y sabores.

Qué leer
Hay escritores que describen la naturaleza con palabras tan poderosas como mil imágenes. Entre ellos, cabe citar Walden o la vida en los bosques (Errata Naturae), de Henry David Thoreau, un clásico del naturalismo que incluye una avalancha de paisajes y vivencias. Más actuales son El libro de la madera (Alfaguara), del noruego Lars Mytting, que explica, por ejemplo, cómo elegir marido según la manera de apilar los leños que tiene un hombre. Otras recomendaciones son El ingenio de los pájaros (Ariel) y La memoria secreta de las hojas (Paidós).