Más fuerza de voluntad

Es experiencia común manifestar la intención de empezar una actividad, conquistar una nueva habilidad o sencillamente cambiar un hábito. Esa es la intención, un ingrediente necesario; pero también es imprescindible la acción, la fuerza necesaria de voluntad para llevarlo a buen puerto. Oriol Lugo, psicólogo y coach, cofundador de Owl Institute, recuerda que tan importante es la toma de decisiones como saber establecer objetivos alcanzables y desarrollar estrategias para conseguirlos. Una cuestión de voluntad, asegura el experto, quien añade que funciona como un músculo: cuanto más se utiliza, más se fortalece. Tanto él como Marina Maria Sam, pedagoga y directora del Euyhmy Research Center en Dornach, proponen algunas estrategias y ejercicios básicos para tener la voluntad que se quiera tener y reforzarla.


Ejercicios

“ABSURDOS”. Escoger algo simple para hacer en un momento concreto todos los días. Tiene que ser una cosa sin importancia, algo que se hace sólo porque se ha elegido hacerlo sin tener ningún otro propósito funcional. Por ejemplo, cambiar el móvil del bolsillo derecho al izquierdo o viceversa. O, en el caso de llevar anillo en el dedo, darle unas vueltas. Asegurarse hacerlo a la misma hora todos los días. O lavarse los dientes con la mano contraria a la que se suele usar. Todo ello hacerlo al menos durante tres semanas seguidas. Salirse de las rutinas alimenta la fortaleza de llevar a cabo lo que uno se proponga. Por probar...

ESCRITURA. Coger una hoja de papel y, aunque sólo sea un par de minutos al día, escribir con un tipo de letra marcadamente distinto al que uno tenga. Al principio cuesta, lógicamente, y surge el deseo de dejarlo estar al pensar que se trata de una somera tontería. Precisamente es una manera de fomentar la paciencia, sin dejarse llevar por los primeros deseos que aparecen, y que pueden dar al traste con los retos propuestos.  Hacerlo a pesar del vaivén del deseo.

RETROSPECCIÓN. Imaginarse procesos representados en secuencia inversa. Por ejemplo, la escena de una liebre que atraviesa corriendo un campo nevado hasta el bosque dejando un rastro en la nieve al mediodía con cielo despejado y el sol bien presente. La secuencia inversa sería como hacer marcha atrás de la liebre desde el bosque, mientras atraviesa el campo nevado van desapareciendo las huellas a su paso. En esa retrospección se puede ser tan detallista como se quiera. Dedicar cinco minutos diarios a este ejercicio puede ser suficiente.


Estrategias

COMPROMISO. Ante todo, evitar hacer un propósito y después no intentarlo, porque se está creando una experiencia a escala mental de falta de compromiso. Esto alimenta la frustración y un sentimiento interno de falta de capacidad.

LOS RETOS. Proponerse pequeños retos que se puedan cumplir. No importa lo que sea. Lo que se proponga, hacerlo. Así se está diciendo a la mente que se tiene capacidad de conquistar las metas a las que se quiere llegar. No proponerse varios retos a la vez para evitar un sobreesfuerzo que lleve de nuevo al fracaso.

CUÁLES. Cuando se tiene claro qué se quiere, es el momento de marcarse unos objetivos bien establecidos, que sea concreto, mesurable, realista, definida sus etapas con fechas.

CERO EXCUSAS. Pasar a la acción, hacerlo sin más excusas. A lo largo del camino aparecen limitaciones tanto externas como de uno mismo. Funciona haberse marcado varias etapas en la consecución del objetivo final, en la que conquistada cada una de ellas regalarse alguna recompensa. Al fin y al cabo está bien fomentar el placer de disfrutar del proceso en el que se está inmerso. Cada etapa no es la meta, pero sí es el camino hacia ella.