Souvenirs de Toronto

 

Del zumbido del downtown a la belleza humilde del suburbio sólo hay un cuarto de hora. Se toma el tranvía 501 y se van alejando los rascacielos y los grandes centros comerciales, dando paso a calles tranquilas con casas presididas por azulejos con la imagen de la Virgen o de san Antonio. Es el caso de Little Italy, donde las vecinas hablan italiano entre ellas mientras cuidan girasoles gigantes en sus jardines. Unas cuantas calles más al sur, en Little Portugal, unos parroquianos ocupan una vieja pastelaria con ventanas pequeñas cubiertas de pósters que anuncian, en portugués, tal o cual jantar, fiesta o reunión. Metrópoli amable, Toronto tiene muchos más ritmos y acentos: Koreatown, Greek Town, Little India, East Chinatown. Casi cada rincón pide a gritos contar su historia. Es el caso de la Plancha, el popular edificio rodeado de torres de cemento (izquierda) que sirvió de inspiración del famosísimo Flatiron neoyorquino; o de los nuevos edificios como la Escuela de Arte y Diseño (OCAD, arriba, derecha) o el Royal Ontario Museum. También susurran las paredes y las vidrieras del Hockey Hall of Fame o el ambiente del St. Lawrence Market, muchas veces considerado el mejor mercado del mundo por sus puestos, restaurantes modestos, cafeterías, pero también por el ambiente y la amalgama de tradiciones culinarias que se concentran: natas portuguesas, salchichas polacas, parrilla griega, pescado de kilómetro cero...

Igual que sucede con otras ciudades canadienses como Montreal, la capital de Ontario presume de dos vidas, la invernal y la soleada. La primera es más subterránea y corre a lo largo de los 30 kilómetros del PATH, trama de calles donde se suceden tiendas y cafeterías. En los meses más generosos, la ciudad es un hervidero tranquilo y más o menos transitable, de aspecto muy parecido pero con un latido más pausado a ciudades vecinas del otro lado de la frontera. El visitante sabe que está en Canadá por la escasez de banderas del país. Toronto es ciudad de cine y no sólo por el festival anual, cuyos premios marcan la senda a los Oscars, sino por la proyección de pelícu­las independientes durante todo el año en la sede del certamen, el TIFF Bell Lightbox, en King Street, entre Widmer y John.

Para los amantes del deporte poco importa la época del viaje: cuando no jueguen los Raptors de la NBA, lo harán los Blue Jays de béisbol o los legendarios Maple Leafs de hockey sobre hielo. Una cascada de emociones... y eso sin tener que visitar (necesariamente) las cercana catara del Niágra. 

Imperdibles

Edificios singulares

Toronto combina con cierta armonía lo viejo con lo nuevo, desde la perspectiva de la Flatiron de finales del XIX o la panorámica de la DC Tower, que domina toda la ciudad y parte del lago.

St. Lawrence Market

Uno de los mejores espectáculos de la ciudad, abierto desde 1902. Sin ser ajeno a los turistas, mantiene su personalidad. Incluye un museo de la bici en su piso superior.

Cine y teatro

El Entertainment District es sede de cines y teatros, incluida la sede del festival de cine de Toronto. En paralelo, el Old Town y The Distillery Old District, más céntricos, presentan otras propuestas más alternativas.

Multicultural

Un paseo sin pretensiones por Little Italy o Little Portugal hablan del Toronto suburbial, sencillo, pero bello y entrañable.