En el laberinto de Dior

Irregular, casi impenetrable, como un jardín secreto. Un laberinto peculiar repleto de magia y de flores. Esa es la imagen que guió a Maria Grazia Chiuri, directora artística de las colecciones femeninas de Dior, en su primera temporada de alta costura. 

Fascinada por las múltiples interpretaciones que esta forma arquetípica ha recorrido en el tiempo, se dio cuenta de que su aventura en el corazón del mundo de Dior podía tener su símil en la entrada a un laberinto con el camino salpicado de esas flores, plantas e imágenes alegóricas que son parte de la iconografía y de la herencia directa de Dior, quien escribió: “Después de la mujer, las flores son las creaciones más divinas. Son tan delicadas y tan encantadoras... Pero deben usarse con cuidado”.

Así nacieron estos vestidos de noche. En colores cambiantes, empolvados (en malva, azul, rosa, gris..), que evocan el paso de las estaciones y la vida. Con capas de tul capaces de aprisionar maravillosas flores. La memoria se convierte en el motor de una nueva historia que altera el alfabeto de la casa para redactar nuevas formas y secciones que son la huella de siluetas, sueños y deseos de las mujeres de hoy.

Entonces el encaje se desarticula y se vuelve a ensamblar en la organza. Y los tules versionados en los colores de los cuentos de hadas se superponen en las composiciones llenas de luz. De lo más majestuoso. Maria Grazia Chiuri da rienda suelta a su imaginación con vestidos largos, faldas anchas, plisadas, que revelan el satén en los laterales. Es su íntimo deseo de belleza lo que la guía en este viaje que quiere ser inolvidable. Pero que, como siempre, respeta y evoluciona los códigos de elegancia de Dior.

Vestido palabra de honor con largas hojas de organza en negro y blanco, inspirado en el modelo Offenbach de primavera-verano 1950.