C. Galfard “Sin educación, creerán que la Tierra es plana”

Christophe Galfard es seguramente el divulgador científico más brillante de la actualidad. Tras su titánico El universo en tu mano, este matemático, discípulo de Stephen Hawking, regresa con un nuevo libro sobre Einstein y la que es la ecuación más famosa de la historia: E = mc2.


En la entrada del Museo de Artes y Oficios de París, un grupo de adolescentes devora sus bocadillos entre risas. Podrían ser los chavales que asisten con devoción a las conferencias de Christophe Galfard (París, 1976), un matemático que se doctoró en Física en la Universidad de Cambridge bajo la supervisión de Stephen Hawking y que se ha convertido en uno de los divulgadores científicos con más éxito del planeta.

Galfard llega a la cita con el Magazine con aire distraído, discreto. Nada que ver con el Galfard de las charlas en teatros, museos de la ciencia, escuelas e incluso cines, en que cuenta con pasión y entusiasmo qué sabemos de los agujeros negros, de Encélado, de estrellas de neutrones... frente a auditorios repletos de miles de personas, curiosas, ávidas de conocimiento. Adultos, jóvenes (muchos) y niños. “Sobre el escenario me enciendo”, afirma, y se le dibuja una gran sonrisa. 

Tras El universo en tu mano (Blackie Books), un tour guiado por el universo sin conceptos difíciles de digerir, con pericia y dotes literarias y con humor, ahora ha publicado un segundo libro, Para entender a Einstein. Una emocionante aproximación a E=mc2 (Blackie Books, 2017), con el que logra que cualquiera pueda, de verdad, entender la que seguramente es la ecuación más famosa de la historia. Confiesa, misterioso, que anda embarcado en un tercer libro, pero aún le quedan, dice, tres o cuatro años de investigación antes de que vea la luz. 

¿Por qué escribir sobre E=mc2?
Es quizás la ecuación más conocida. A mucha gente le suena Einstein, saben que fue un científico, pero desconocen lo que significa cada una de las letras en esa ecuación y la ecuación en sí, que es sólo la punta del iceberg. Porque para que Einstein llegara a formularla, primero tuvo que dar con una noción nueva por completo de la realidad, el espacio y el tiempo, de la masa y la energía, de mucho de lo que nos rodea. 

“Si te explico una cosa y no la entiendes, es culpa mía, no tuya. Eso es aplicable a la ciencia. Las preguntas que pueden parecer más estúpidas justamente son las mejores”


Explíquelo.
Vivimos en un entorno concreto, y nuestros sentidos se centran en la realidad que nos rodea. A medida que vamos más allá de nuestros sentidos, de las cosas que nuestros cuerpos pueden experimentar, nuestra intuición no funciona. Como organismo vivo no sabemos qué ocurre cuando no podemos detectar nada. Y precisamente E=mc2 surge de considerar altísimas velocidades, de la forma en que se comporta la realidad, de cómo operan las leyes de la naturaleza. Y cuando digo altísimas velocidades no me refiero a un cohete, sino más rápido que eso, velocidades que jamás hemos alcanzado como humanos y que  sí alcanzan las partículas en nuestro organismo, también las que están en el espacio, la luz. Los electrones en cada uno de los átomos de tu cuerpo van muy muy rápido, y para poder entender cómo funciona un átomo necesitamos una teoría de objetos muy rápidos. Eso es lo que Einstein nos dio en 1905, una teoría que condujo a E=mc2.

En su libro El universo en tu mano, promete que sólo aparecerá una ecuación, precisamente esta, E=mc2. Y consigue llevar al lector por un tour por todo lo que sabemos del universo hasta el momento.
Intenté traducir en palabras, imágenes e historias algunas ecuaciones. No crea que fue fácil, me llevó más de cuatro años escribirlo usando sólo palabras y metáforas simples. Para ello, fui a hablar con mis antiguos profesores y colegas en Cambridge y en Oxford e incluso en EE.UU., para asegurarme de que mi interpretación de lo que explicaba no era incorrecta.

Seduce al lector con herramientas literarias. 
Gracias. La idea era mostrar, no explicar, y encontrar un hilo argumental que llevara al lector a través de todas las teorías que explican la realidad tal como la conocemos. Quizás algunas metáforas no son las más elaboradas, pero funcionan. Son también un punto de descanso para el lector, un lugar seguro, desde el que tomar aliento para emprender un nuevo trayecto. 

También se ha atrevido a escribir libros de ciencia para niños, quizás el público más exigente. 
Sí, he escrito cuatro, uno de ellos con Stephen Hawking y su hija Lucy, La clave secreta del universo, que fue un gran éxito. Y una trilogía en francés, Le prince des nuages, que no se ha traducido al castellano. Escribo para ellos porque son el futuro. Por ejemplo, Le prince apareció cuando acababa de publicarse el anterior informe de las Naciones Unidas sobre el cambio climático y los titulares en prensa eran “estamos perdidos, el cambio climático acabará con la Tierra, la humanidad va a morir”. Yo había previsto un año antes que eso pasaría. Cuando un adulto lee este tipo de noticias pesimistas, se preocupa, pero al día siguiente se olvida. Sin embargo, los niños no se olvidan y nadie se lo explica, nadie les dice qué significan aquellos titulares, por qué ocurre el cambio climático. Por lo que esa preocupación se les queda dentro. Y no es bueno. Por eso decidí escribir esta historia para niños, para explicarles qué significa y mostrarles cómo podemos combatirlo. Los niños preguntan cosas que los adultos no se atreven a preguntar porque creen que todo el mundo pensará que son idiotas.

Decía Carl Sagan que no existen preguntas estúpidas.
Si te explico una cosa y no la entiendes, es culpa mía, no tuya. Eso es aplicable a la ciencia. Las preguntas que pueden parecer más estúpidas justamente son las mejores, incluso si preguntas por qué el cielo es azul. 

Su editorial en castellano, Bla­ckie Books, lo presenta como el alumno más aventajado de Stephen Hawking.
No es para tanto (se ríe). Ha tenido alumnos mucho más brillantes que yo.

“Hawking me preguntó si quería hacer mi doctorado con él, y le pedí tiempo para pensarlo. Tras salir de la reunión me di cuenta: ‘¿Pero qué narices haces? ¡Eres tonto!

¿Qué vio Hawking en usted?
Eso habría que preguntárselo a él. Estudié Matemáticas y al acabar hice un examen llamado Certificado de Estudios Avanzados en Matemáticas en la Universidad de Cambridge. Había unos 250 estudiantes de todo el mundo. Si te colabas entre los diez primeros, obtenías una beca para estudiar un doctorado. Y cuando eso ocurre, como me pasó a mí, conoces a todos los profesores para ver quién será tu tutor de tesis. Fui a conocerlos, y quien había sido mi tutor durante el año de máster me preguntó: “¿Has ido ya a ver al profesor Hawking?”. Yo le respondí que no y que dudaba que quisiera verme. “Ve a ver a su secretaria”, me espetó. Y lo hice. Y nada más entrar en la sala, su secretaria me dijo: “El profesor Hawking te espera mañana para comer”.

No debe de ser fácil ser aceptado como estudiante de doctorado por él.
Sólo coge uno por año. Al día siguiente me fui a comer con él y con algunos de sus estudiantes y nos pasamos unas cinco horas o más charlando, él y yo. Al final me preguntó si quería hacer mi tesis doctoral con él. 

Y le dijo que sí.
No... Tenía apenas 22 años, un doctorado es mucho tiempo, y había un montón de cosas que me interesaban. No sabía si quería realmente dedicar años y años al doctorado. Así es que le pedí tiempo para pensarlo, y me dio tres días. Tras salir de la reunión, me fui a dar un paseo, llamé a mi familia y entonces me di cuenta: “¿Pero qué narices haces? ¡Eres tonto!”, me dije. Así es que, raudo, regresé adonde habíamos estado charlando, pero Stephen ya no estaba. 

¿Y qué hizo?
Me planté delante de su casa y pasé toda la noche esperando, hasta que sobre las 6 de la madrugada se encendieron algunas luces y decidí llamar a la puerta. “¿Aún puedo?”, le pregunté, y afortunadamente me respondió que sí.

Entonces estuvo siete años investigando junto a Hawking los agujeros negros y el origen del universo. 
Así es. Realmente fascinante. Le explico por qué: hoy tenemos dos teorías para entender el universo, una que funciona para la gravedad y aquello que es grande y energético, que es la teoría de Einstein. Y otra para lo más pequeño, llamada física cuántica. En la historia de la humanidad, nunca habíamos tenido predicciones tan precisas como las que esas dos teorías nos proporcionan. No obstante,  ninguna de ellas puede explicarlo todo. Y además compiten entre sí, no tienen la misma noción del espacio y del tiempo, ni de muchas otras cosas. Son, por el momento, irreconciliables. Pero quizás haya una teoría superior que las incluya. Aunque por ahora no la hemos encontrado, sabemos que hay dos lugares en el universo en los que esa teoría tiene lugar: uno es el big bang (el origen del universo), con todo el universo visible encogido en un punto diminuto. Y otro son los agujeros negros, porque de nuevo tienes algo enorme, no tanto como el universo, pero sí como una estrella, que se convierte en algo muy pequeño. Esa teoría que estamos buscando es la gravedad cuántica. Hay un montón de agujeros negros, por lo que es más fácil estudiarlos que estudiar el big bang, que sólo ha habido uno. Al estudiar los agujeros negros y los orígenes de nuestro universo básicamente intentamos encontrar esa teoría, que es más grande que Einstein y la física cuántica juntas. Ese era mi objetivo y lo que quería hacer.

¿Cómo es trabajar con una de las mentes más privilegiadas del siglo XXI?
Cuando trabajas con él en la universidad, olvidas el hecho de que sea uno de los físicos más prestigiosos y conocidos del mundo. Estás intentando hacer física. Él, además, no actúa como tal. Es un científico 100%, así que, cuando investiga,  lo que le rodea desaparece.

“Para mí, el mundo sería un lugar mejor si la gente supiera de ciencia. De esta forma no se cuestionaría todo el tiempo cosas básicas, como las vacunas”


¿Qué le llevó a cambiar el laboratorio por los escenarios? 
Para mí el mundo sería un lugar mejor si la gente supiera de ciencia. De esta forma no se cuestionarían todo el tiempo cosas básicas, como las vacunas. Mejor aún, entenderían qué son las vacunas y sabrían si una compañía farmacéutica les está o no engañando con lo que les vende, en lugar de desacreditar a las vacunas en sí, que es absurdo, porque salvan muchas vidas. Por tanto, creo que se necesita gente como yo y otros que den una visión honrada de la realidad. No estoy diciendo que tenga razón en todo, pero soy honesto. 

¿Qué dijo Hawking cuando le dijo que pensaba abandonar su carrera como investigador para escribir libros?
Eh, ¡que no es mi padre! Aunque es cierto que en aquel entonces era una relación algo paternal.

Llevaba siete años investigando con él.
Hawking ha tenido en su carrera alrededor de 30 estudiantes, la mitad son científicos, la otra se dedica a negocios. Sólo yo me dedico a hacer lo mismo que él para popularizar la ciencia. Sigo luchando por la ciencia a mi manera. Después de mucho meditarlo, cuando le comuniqué mi decisión entendió mis razones. No hay mucha gente con mi nivel de estudios y edad que haga estas cosas. O son más sénior o no tienen la formación que yo tengo. Hawking entendió que si la gente no sabe qué hacen los científicos, no apoyará a la ciencia y eso será un desastre para la humanidad. 

¿Echa de menos el laboratorio?
Muchísimo. Pero considero que es sumamente importante hacer lo que hago, porque, si no, mucha gente no comprendería por qué hay científicos investigando, ni el beneficio que sus estudios comportan a toda la humanidad. Las ideas que surgen de la investigación no tienen copyright, pertenecen a toda la humanidad, y eso es lo que nos va a permitir sobrevivir como especie.

¿A qué se refiere?
Permítame que le ponga un ejemplo: algún día un asteroide gigante amenazará con impactar contra la Tierra, tal como ya ocurrió con los dinosaurios. Quizás será dentro de diez años, o tal vez de cien; no sabemos cuándo, pero ocurrirá. Si no somos capaces de desviar su trayectoria o destruirlo, o incluso de mudarnos a otro planeta, entonces estamos perdidos. Es un hecho. No trato de asustar a nadie. La parte positiva es que gracias a la ciencia podremos salvarnos, algo que otras especies en la historia de la Tierra no han sido capaces de hacer. 

Hawking asegura que mejor ir buscándonos otro planeta para vivir.
No voy a repetir qué dice Hawking o qué deja de decir, porque dice lo que quiere, está claro. Pero lo que yo entiendo de sus palabras es que tenemos el futuro de la Tierra en nuestras manos. Podemos destruirla, sí, pero también salvarla. De hecho, hay muchos hombres y mujeres brillantes investigando cómo hacer precisamente lo segundo, aunque no suelen salir en los medios porque sus historias no venden tanto como el discurso catastrofista.

“Formar parte de la generación que descubrió vida en otro lugar ya haría que hubiera valido la pena vivir. No me importaría apostar por Encelado, la luna de Júpiter. O quizá Marte”

Sin embargo, quienes tienen poder optan por destruir el planeta, como Trump, retirándose del acuerdo de París sobre cambio climático.
Por eso me dedico a la divulgación. Se necesita mucha educación, porque si dejas de educar a la sociedad en general, en tan sólo dos generaciones todo el mundo volvería a creer que la Tierra es plana, porque es lo que parece natural cuando echas un vistazo a tu alrededor. Muchas de las cosas que hemos aprendido a lo largo de generaciones no son para nada intuitivas.

Resulta paradójico que en la era Google, en que tenemos acceso ilimitado  al conocimiento, aún haya quienes no creen en las vacunas, niegan el cambio climático o consumen homeopatía.
Insisto, ahí es donde entra la educación. Hay gente formada, con titulación universitaria, pero que no sabe cómo funciona la ciencia, cómo se realizan descubrimientos, dónde están las dudas, que hay muchas. Pero no sobre la existencia, por ejemplo, del cambio climático, sino sobre el futuro: predecir qué va a ocurrir es extremadamente complicado; medir que hay calentamiento global es un hecho. 

Existe una crisis de vocaciones científicas. Los jóvenes no eligen estudiar ciencias o ingenierías. ¿Cómo remediarlo?
¡Esa es una de las razones por las que escribo libros! Recibo cientos de correos de jóvenes que han empezado alguna carrera de ciencia tras leer mis libros. Me dicen: he leído tu libro y ahora quiero ser matemático o astrofísico o físico. El primer correo de este tipo que recibí me emocionó; era de una joven que me dijo que quería convertirse en astrofísica. Me puse a llorar, muy emocionado, me sentía muy feliz. Este tipo de cosas me reafirman en que vale la pena hacer lo que hago.

¿Cuál es el descubrimiento potencial de los próximos años?
Que hay vida en otros planetas.  Formar parte de la generación de humanos que descubrieron vida en otro lugar ya haría que hubiera valido la pena vivir.

¿En nuestro sistema solar?
Por ejemplo en la luna de Júpiter Europa, no me importaría apostar por ella. O por Encélado, el satélite de Saturno. Tienen mucha agua líquida. Quizá también hallemos rastros de vida en Marte. Puede que encontremos pruebas de vida extraterrestre en otro lugares. Estamos empezando a tener la tecnología, y el telescopio James Webb se lanzará el año próximo. Tiene el potencial de mirar la composición de la atmósfera de un exoplaneta.  Y además pisaremos Marte.

¿Y si esa vida que hallemos sólo fuera bacteriana?
¿Sólo bacteriana? ¡Pero si las bacterias gobiernan la Tierra! Nosotros sólo somos una consecuencia de estos microorganismos. Además, si encontrásemos bacterias que no se parezcan a las nuestras, sería extraordinario, porque implicaría que hay diferentes formas de vida distintas de la vida como la conocemos. ¿No le parece fascinante?