Charlize Theron "Mi reto ahora es no arruinarlo todo"

La belleza y su figura escultural, en contra de lo que se pueda creer, no ayudaron a Charlize Theron en los inicios de su carrera, pues cuenta que nadie creía que una modelo pudiera tener talento. Le costó, pero ha conseguido las máximas distinciones de su profesión. Y ahora saborea su posición, hacer de productora además de actriz y poder elegir las historias que le interesen, aunque le supongan engordar 22 kilos.

Es bien sabido que llegó a Los Ángeles a los 18 años con un pasaje sin retorno y apenas lo necesario para sobrevivir, además de unos enormes sueños de convertirse en actriz. También es famosa la anécdota de cómo consiguió a su primer mánager, John Crosby, que advirtió un temperamento inusual y una belleza impactante en la sudafricana que intentaba cobrar sin suerte un cheque de un trabajo de modelo que había hecho en Nueva York tratando de convencer al cajero del banco de que tuviera un poco de piedad.

“Me han dado muchas oportunidades; no podría tener una carrera tan vasta y con tantos géneros si no me hubiera topado con gente que creyera en mí”

Ha pasado casi un cuarto de siglo desde entonces y hoy Charlize Theron se encuentra en las antípodas de ese momento. Con un Oscar, un Globo de Oro, un Oso de Plata del festival de Berlín y una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, a los 42 años, goza de una bien ganada reputación como actriz y una popularidad como estrella de cine que le permiten tener una envidiable posición de poder en la industria del espectáculo.

Con una fortuna estimada en poco más de 100 millones de euros, es dueña de una compañía productora, Denver & Delilah (llamada así por sus dos perros), que no sólo ha desarrollado proyectos para protagonizarlos ella, sino también series de televisión como Mindhunter, que, dirigida por David Fincher, recibió grandes elogios cuando se estrenó el año pasado en Netflix y que este año tendrá una segunda temporada.

“Si no tuviera a mis hijos, me podría morir y todo estaría bien...”, dice jocosa Theron en su entrevista con Magazine cuando se le enumeran todos sus logros. Pero enseguida se pone seria: “Vamos, estoy muy agradecida por todo lo que me ha tocado y me resultaría muy difícil hablar de esto con una actitud diferente. Me han dado muchísimas oportunidades. Yo no podría tener una carrera tan vasta y con tantos géneros si no me hubiera topado con gente que creyera en mí. Necesitaba a George Miller para que me diera la oportunidad de participar en Mad Max: furia en la carretera. Y también a Jason Reitman para poder filmar Young Adults primero y luego Tully. Tengo muy claro que he tenido mucha suerte, por lo que el mayor desafío para mí en este momento es cómo hacer para no arruinarlo todo. Constantemente estoy buscando cómo aprovechar al máximo mi capacidad como actriz. Creo que ese será siempre el mayor desafío para mí, mientras quiera seguir ­actuando”.

La actriz se levanta a las 5.45 para llevar a sus hijos a la escuela, y también le gusta estar con ellos por la noche

Sin embargo, lo que más la enorgullece es su condición de mamá de dos niños adoptados, Jackson, de seis años, y August, con quienes trata de dejar de lado su condición de estrella de cine y llevar la vida más normal posible. “Con ellos tenemos horarios muy bien definidos”, explica. Y agrega: “Es que, con dos niños pequeños, no hay otra opción. Los dos van ahora a la escuela, por lo que todo es más fácil. Antes, la pequeña estaba en casa y venía conmigo a todas partes, como cualquier madre hace con sus hijos y como lo hizo la mía conmigo. Pero ahora que van a la escuela, me levanto todos los días muy temprano, a las 5.45 horas, porque tienen que estar listos para entrar a las 7.30. Me encanta comenzar mi día con ellos. Me hace sentir que estamos conectados, me permite saber cómo están, cuál es su humor ese día. Lo disfruto mucho. Y luego tengo tiempo hasta las tres de la tarde para ir a reuniones, trabajar con guionistas y desarrollar proyectos. Por la tarde, si estoy ocupada, alguien me puede ayudar para ir a buscarles, y luego por la noche nos sentamos todos a la mesa, cenamos, leemos libros, tal vez vamos a ver una película o nadamos o saltamos en la cama elástica. Yo suelo reservar para mi familia las mañanas y las noches y luego, durante el resto del día, trabajo”.

La actriz afirma que el haberse convertido en madre no ha afectado a su manera de elegir papeles y que lo único que ha cambiado es su capacidad para ir de un rodaje al otro como solía hacer en otros tiempos: “Antes podía hacer cuatro películas sin solución de continuidad y no tenía problemas; ahora tengo que encontrar la forma de equilibrar cómo reparto el tiempo entre mi trabajo y mis hijos”, dice. “Lo único que ha cambiado para mí –explica– es la logística. Hacer una película requiere tres o cuatro meses en los que tengo que estar alejada de mi casa mientras mis hijos van a la escuela. No es que no me los pueda llevar conmigo al rodaje. Por ahora sí puedo, todavía son pequeños, pero debe tratarse de algo que me importe mucho para decidirme a mudarme con mi familia o a dejarla atrás por periodos de dos semanas. Eso sí que es una gran decisión para mí, porque en ese plano ser madre ha cambiado radicalmente mi vida”.

“La gente asume que una vez tienes hijos ya no quieres hacer temas oscuros, sólo comedias y películas para niños”

Sin embargo, aunque la actriz aportó su voz a uno de los personajes en la versión original de la película animada nominada al Oscar Kubo y las dos cuerdas mágicas, ha filmado en estos últimos tiempos todo tipo de películas. “No siento que ahora que soy madre no debería hacer películas sobre temas oscuros o asuntos pesados. Quiero saber sobre esas cosas, por muchas razones, entre ellas para proteger a mis hijos. Me fascinan los puntos flacos de la humanidad, pero también la bondad que hay en ella. La gente asume que una vez tienes hijos ya no quieres hacer temas oscuros y sólo te interesan las comedias y las películas para niños”, dice.

Su vida se completa con una participación intensa en Africa Outreach Project, la organización que fundó en el 2007 en sus años más activos como embajadora de paz de las Naciones Unidas y que provee fondos a organizaciones sin fines de lucro, ubicadas principalmente en Sudáfrica, para educar a los adolescentes en la lucha contra el sida. “Es una tarea que me llena de una forma tan masiva que es muy difícil poder explicarlo –señala–. No sé si sería una mujer tan feliz si no tuviera la oportunidad de trabajar con Africa Outreach Project”.

“Es que me da la oportunidad de devolver; el poder hacerlo es la mejor medicina para tu alma que existe. Es algo que también me permite mantener mi conexión con la humanidad de una manera que no te da el viajar o ver mundo, porque de verdad me ha permitido entender cuales son los problemas y las situaciones que tiene que enfrentar mucha gente, cosas que nunca comprenderías si te ha tocado vivir una buena situación económica”, afirma la chica afrikáner que se crió en una granja en Benoni, a media hora de Johannesburgo, con una situación económica relativamente cómoda.

“Cuando yo empecé en esta industria, la televisión era la muerte para la carrera de un actor; ha dejado de ser así, ahora es el lugar al que vas a enfrentarte a un desafío”

“No hay un solo viaje que haga a África –explica– en el que no vuelva a mi casa con un enorme aprecio por la vida que me ha tocado. Estar allí me permite valorar pequeñas cosas como abrir mi refrigerador y ver comida dentro, o tener una nevera, porque uno no lo valora si no tiene la experiencia de visitar a la gente que no tiene nada de eso, y me sirve para darme cuenta de cuan increíblemente afortunada soy. Y si es así, ¿cómo no voy a querer devolverle a la sociedad? Lanzar estos programas ha sido una maravillosa forma de tener acceso a comunidades a las que puedo ayudar, porque sé que lo puedo hacer. Lo único que me toca a mí es proveerles de los recursos, porque ellos están haciendo todo el trabajo. Por supuesto que los puedo ayudar de esa manera. Vivo en uno de los países más ricos del mundo y tengo los medios para encontrar recursos para que las organizaciones locales puedan seguir haciendo el buen trabajo de prevenir el sida en países que han sido devastados por esa enfermedad”.

Aunque lo tiene todo y no le alcanzan las horas del día, Charlize Theron no para. En estos momentos rueda Flarsky, una comedia de Jonathan Levine en la que encarna a una poderosa funcionaria que alguna vez fue la niñera de un periodista político interpretado por Seth Rogen. En marzo se la vio en Gringo: se busca vivo o muerto, junto a David Oyelowo y Joel Edgerton. Y el 22 de junio llegará a las pantallas Tully, su segunda colaboración con el equipo que integran el director Jason Reitman y la guionista Diablo Cody, nominado y ganadora del Oscar, respectivamente, por su primer filme compartido, Juno.

En el nuevo filme, Theron interpreta a una ama de casa que acaba de tener a su tercer hijo y que se encuentra totalmente superada por la situación. Todo cambia cuando aparece una niñera mágica, la Tully del título, interpretada por Mackenzie Davis, quien entre ­muchas otras cosas se queda despierta todas las noches atendiendo al niño para que ella pueda dormir y se convierte en su ángel salvador.

“Un día me encontré por casualidad con Jason y me dijo que tenía nuestro próximo proyecto. Como me gustó tanto trabajar con él en Young Adult, le dije que sí sin dudarlo”, explica la actriz sobre las razones que la llevaron a involucrarse en el filme como protagonista y productora.

“No me veo como una modelo, soy una persona muy común; estoy mucho más cerca de los personajes reales que interpreto que de los superglamurosos”

Luego admite: “Cuando me dijo que se trataba de una madre que tenía a su tercer niño, no pensé que fuera un tema fascinante, pero cuando leí el guion de Diablo me entusiasmé. Es un tema que uno cree que conoce, pero ella lo presenta de una forma totalmente diferente. Además me identifiqué mucho con la historia de esta mujer, no sólo a través de mis propias experiencias sino de las de amigas con hijos. Me pareció que esta era una película que no sólo puede interesar a padres de bebés, sino a una audiencia más masiva, porque tiene una combinación de comedia y dolor que no es habitual en el cine”.

Decidida a mostrarse tan alejada del glamur como le fuera posible, Charlize no dudó en engordar 22 kilos para el papel. Es una experiencia por la que ya había pasado casi 15 años atrás cuando filmó Monster, basada en una historia real y para la que aumentó 14 kilos y se afeitó las cejas, una base para concretar una interpretación que le dejó una enorme cantidad de premios, entre ellos el de la academia, y que demostró de una vez que era algo más que una cara bonita.

A diferencia de la creencia popular, Theron está convencida de que su rostro agraciado y su figura escultural fueron más un estorbo que una virtud en los inicios de su carrera. “Cuando comencé, cerca de 25 años atrás, descubrí que la gente desacreditaba a las modelos que se lanzaban a actuar. Por muchas razones, mi apariencia física era muy negativa para una potencial carrera como actriz. A menos que hiciera de modelo en una película, no había manera de que mi físico me ayudara. La gente no creía entonces que si alguien tenía talento daba lo mismo qué cara tuviera. Eso no existía, y por eso desde un principio todo fue una verdadera batalla para mí. Por supuesto que mis primeros papeles tenían que ver con que yo tenía el aspecto físico que estaban buscando, pero a mí me interesaba la gente real y quería explorar cosas más profundas. No me interesaban los personajes unidimensionales. Quería que tuvieran conflictos y que vivieran experiencias muy humanas”, recuerda con la intensidad que la caracteriza.

“Además –subraya–, tengo que aclarar que yo no me veo como una modelo. Soy una persona muy común, y creo que la gente no se da cuenta de que estoy mucho más cerca de los personajes reales que ­interpreto que de los superglamurosos. Esos papeles son los que me resultan los más difíciles de todos”.

¿Se atreverá a subir 22 kilos otra vez para una película?
Es algo imposible de responder. No lo sé. Nunca pensé que lo volvería hacer después de Monster. Uno hace lo que le pide el papel, ya sea subir de peso o lo que sea necesario. Y para eso, debes prestar atención a lo que dice el guion. Si alguien me propone un personaje y lo justifica, me va a resultar difícil decirle que no, pero es una decisión difícil. Los años pasan, y ahora hay mas consecuencias para algo así que cuando estaba en mis 20. Es algo que voy a tener que considerar en su momento.

¿Este es el periodo de comedia en la carrera de Charlize ­Theron?
No, creo que las cosas se han dado así. No ha sido por elección. De todos modos, creo que siempre he elegido de la misma manera, nunca he pensado en géneros a la hora de aceptar un papel. No separo las cosas de esa manera. Para mí, una buena historia es una buena historia. Por eso siempre paso de una comedia a una película de acción, luego a un drama y de allí a un filme independiente. Siempre he estado pasando de un género a otro. Simplemente, ha coincidido que las últimas tres películas tienen humor. Porque no me atrevería a definir Tully como una comedia. Es una película que toca temas muy delicados, por más que tenga escenas ­divertidas.

¿Le tienta hacer televisión, sobre todo por los horarios de rodaje?
Claro. Me encantaría hacer una serie. Si encontrara algo que fuera apropiado para mí y se grabara en Los Ángeles para que pudiera estar con mis hijos todos los días, sería un trabajo ideal. Creo que lo que está pasando en este momento en televisión, particularmente con lo que se produce para streaming, es maravilloso. El material es desafiante, las historias también lo son. Pasan muchas semanas en mi casa en las que prefiero lo que hay para ver en televisión que lo que hay en el cine. Creo que ha habido un gran cambio. Ciertamente no era así cuando yo empecé en esta industria, porque entonces la televisión era la muerte para la carrera de un actor. Yo creo que ha dejado de ser así, ahora es el lugar al que vas a enfrentarte a un desafío. Por eso, si encontrase un buen papel y un buen proyecto, no lo dudaría, sobre todo porque cada vez que hice televisión me encantó el ­proceso.

¿Le gusta más producir que actuar?
Sí, totalmente. Hay muchas películas en las que soy tanto productora como actriz. Son dos trabajos que en cierta forma se combinan. Incluso cuando no estoy produciendo, me interesa todo el proceso de la realización cinematográfica. Me fascina. Creo que la mirada que tengo sobre mi profesión viene de un profundo amor por la realización cinematográfica, que va más allá de pararme frente a una cámara y repetir unos diálogos. Hay toda una parte del cine que tiene que ver con la industria y el negocio, con tratar de entender la logística y lograr que un proyecto sea posible. Eso es algo que me atrae muchísimo...