Maribel Verdú ''Ya tendré para dormir la eternidad''

Maribel Verdú (Madrid, 1970) rezuma vida por los cuatro costados. Quizá por ello hay dos preguntas que responde a secas, con amabilidad pero sin explayarse. “He visto muy de cerca la muerte en dos ocasiones, pero no quiero entrar en ello”, explica. Ambas fueron en el mar. La primera, recuerda, tenía 12 o 13 años y estaba sola. La segunda, en compañía de otras tres personas. El mar le aterra. No quiere saber nada de él. Ni se baña ni pone un pie en su agua. Tampoco quiere reflexionar sobre la muerte de su abuela materna, “uno de los palos más grandes de mi vida”. No le da miedo morir, pero sí que lo haga la gente a la que quiere. “Eso me da terror”, sentencia. 
–¿Hay algo más allá de la muerte?
–He pensado mucho en ello, pero no creo que haya nada.
–¿Por qué piensa tanto en ello?
–Porque me pregunto a qué me voy a agarrar cuando mi gente importante se me vaya...

Maribel Verdú habla Sin rodeos, como el título del filme que se estrena esta semana y protagoniza. Una comedia sobre el empoderamiento de la mujer y que si enseña algo para la vida, dice, es el poder que tiene la palabra. 
Alfredo Landa le dio su mejor consejo (trabajo y humildad), y una amiga le descu­brió hace muchos años el yoga. Su práctica es ahora una vía de escape a una sociedad que vive deprisa y muchas veces agobiada. Yoga y meditación. Meditación y yoga. Sale de la cama con los deberes mentales hechos. “Todo el mundo cuida su cuerpo, pero es muy importante cuidar la mente, y no se le da importancia”. Muchos años practicando yoga y meditando, pero el momento mágico, el de “un antes y un después en mi vida”, no llegó hasta hace dos, cuando rodaba El faro de las orcas en península Valdés, en la Patagonia argentina.

–Descubrí que estar bien contigo mismo, tener tus momentos de soledad, es lo mejor que te puede pasar. 
Siempre ha necesitado sus tres o cuatro horas diarias de soledad. Un rito que intenta cumplir. Pero en península Valdés...
–Estábamos viviendo juntos en el culo del mundo, rodeados de focas marinas y orcas, en un faro, con unas habitacioncitas. El pueblo más cercano estaba a tres horas. Yo me iba a hacer mis kriyas de yoga a una punta del faro, sola, viendo el mar. La energía de ese lugar es tan ­potente que muchas veces se me caían las lágrimas de emoción. No soy nada mística, pero me pasaron cosas increíbles. Cuando vino mi chico a verme pensé que se iba a ­morir, porque necesita del mogollón y del wifi.
Pedro, su chico, no los echó de menos. Se contagió de esa energía. Dijo que nunca había experimentado nada igual.
–Es que ese sitio, península Valdés, te cambia la vida.

1.- Si supiera que mañana es el último día de su vida, ¿qué haría? ¿Cómo lo pasaría?
Sin duda alguna, rodeada de toda mi gente que me quiere, mi familia, mi chico, mis amigos, y haría una gran fiesta con musicote, alcohol, drogas y rock & roll. Vamos, sin duda. 

2.- ¿Qué le hubiera gustado hacer y ya no podrá porque no tendrá tiempo?
Pues… Creo que he cumplido todos mis sueños y tampoco soy una mujer con grandes pretensiones. No, no hay nada que me desasosiegue como para pensar ¡ay qué pena no haber hecho esto! En otra vida es otra cosa: quiero ser cantante de rock que a la vez toca el bajo y patino, voy patinando por la vida y sin estrías.

3.- ¿Qué aconsejaría a los que se quedan?
Que disfruten. No cada día: cada minuto, como si fuera el último, de verdad. Esto es, ahora mismo en este momento. Esta es la frase, porque yo ahora me tengo que ir a las once y media, y quien sabe si la última persona con la que hablé fuiste tú. Todo te cambia en esta vida en cero coma.

4.- ¿Cómo diría que fue su vida?
Plena y divertida.

5.- ¿De qué está más orgullosa?
De mis hermanas y de lo que he conseguido tener con mi pareja al lado, una relación maravillosa.

6.- ¿Se arrepiente de algo?
Pues mira, no. Me he podido arrepentir a lo mejor de algunas películas, pero de esas pelis he sacado gente maravillosa, que es lo que a mí me importa, el nivel humano. No, no me arrepiento de nada.

7.- ¿El mejor recuerdo de su vida?
No hay uno solo. Tengo muy buenos recuerdos de muchas cosas. Sería incapaz de decir uno solo. 

8.- ¿Cuál sería el menú de su última cena?
Tortilla de patata con cebolla, crujiente por fuera y deshecha por dentro. Hecha por mi padre o mi madre, cualquiera de los dos la hace que te mueres, y nunca mejor dicho.

9.- ¿Se iría a dormir?
Que no, que no. Si ya te he dicho, bien de amigos, droga, alcohol, tortilla… No, no, no hay que dormir, ya tendré para dormir la eternidad. Ni de coña, vamos.

10.- ¿Cuál sería su epitafio?
Aquí, una disfrutona de la vida.