Mark Hamill “No esperaba que nadie me recordara”

El Luke Skywalker de 'La guerra de las galaxias' dejó huella en al menos un par de generaciones, aunque quien le daba vida, el actor Mark Hamill, quedó devorado por el personaje y ha pasado varias décadas trabajando fuera de los focos o sin papeles importantes. Su regreso en las nuevas películas de la saga le ha devuelto un protagonismo que cuenta que incluso le aterrorizó.

Su presencia en una gala ha sido, sin duda, el momento más emocionante de la noche, pero cuando todo ha terminado y Mark Hamill se asoma donde los que han participado en el acto esperan que les devuelvan sus coches, se genera una conmoción. Los cazadores de autógrafos le han visto y se abalanzan sobre él, pidiéndole que estampe una firma en una foto de Star Wars, que convertirá ese papel en un tesoro. Antes de que pueda parpadear, dos empleados de Disney le meten para adentro y allí, mientras él respira agitado, planifican una nueva vía de escape para llegar al vehículo que lo volverá a esconder de la mirada de fans y curiosos.

A los 66 años y gracias a la decisión de J.J. Abrams de recuperar a Luke Skywalker en El despertar de la fuerza, este actor californiano que durante décadas permaneció alejado de la atención pública, subsistiendo con doblajes y papeles secundarios, se ha convertido en una leyenda viviente. Y, aunque su presencia en la nueva entrega de Star Wars (Los últimos jedi) que llegará a los cines este 15 de diciembre es limitada, tiene un papel esencial: el de ser un puente entre aquel filme de George Lucas que en 1977 dio inicio a todo y las taquilleras secuelas de la actualidad.

¿Cómo ha sido lo de pasar la antorcha a las nuevas generaciones?
Es un sentimiento universal que no se limita a mi propia vida. Los fans originales de las primeras películas hoy son adultos que tienen hijos y comparten con ellos su pasión por esos filmes. Y con cada generación, se suman más fans. Me parece muy apropiado que el mundo de Star Wars se haya vuelto parte del legado de Disney porque recuerdo que cuando leí el guion de la primera película pensé que no parecía de ciencia ficción. Me recordaba a El mago de Oz. Luke para mí era una especie de Dorothy que vivía en un desierto aburrido hasta que es arrastrado a este mundo de aventuras asombrosas, con todas esas criaturas fantásticas, un mago, un pirata y una princesa. “Mucho tiempo atrás” es algo que se parece mucho a “Érase una vez”. Si hubiéramos estado viajando en una carroza, hubiera sido muy claro que se trataba de un cuento de hadas. Y además era muy atemporal, no había nada en la película que reflejara una época determinada, no hay coches ni ropa que nos hubieran colocado en un momento específico, lo cual causa ciertos problemas, porque los niños cuando son muy pequeños no tienen concepto del tiempo. Los de seis o siete años piensan que hicimos La guerra de las galaxias dos semanas atrás. Y sus padres, que eran pequeños cuando la vieron, se han vuelto adultos, y estamos hablando del tiempo que pasó desde El retorno del jedi. Ahora hemos regresado y es muy saludable para los más pequeños ver el proceso natural de envejecimiento. Pero durante todo el periodo en el que no aparecimos en la franquicia, yo tenía 30, 40 o 50 años y me paraban los padres, muy entusiasmados de verme, acompañados de sus hijos pequeños. Y cuando le decían a un niño de cuatro años que yo era Luke Skywalker, el niño se encontraba con ese hombre de 52 años y no podía entender cómo podía ser que yo fuera el mismo que aparecía en la película. Estaba apabullado pensando qué era lo que me había pasado, cómo me había venido abajo en tan poco tiempo. Era algo escalofriante para los niños y no era divertido para mí. Por eso fue maravilloso poder regresar y mostrarles cómo nos vemos ahora. 

¿Le sorprende que esas películas sigan manteniendo su vigencia tantos años después?
Por supuesto. Es algo que me asombra. Yo estaba seguro de que después de unos años el mundo se iba a olvidar de ellas, y cuando aparecieron las precuelas, imaginé que iban a restar interés a las viejas películas. Pero eso nunca ocurrió. Siempre hubo una base de fans rabiosos, a los que yo llamo FUA, fans ultraapasionados. Me los encuentro todo el tiempo. Yo no he vuelto a ver esas películas desde que se pasaron en los cines. Por lo tanto me he olvidado de muchas cosas, por lo que ellos saben mucho más sobre ellas que yo. Muchas de las criaturas no tuvieron nombre hasta que se convirtieron en juguetes. Como el droide médico, que así era como lo llamábamos en el rodaje. Pero cuando lo convirtieron en juguete tuvieron que ponerle un nombre registrado, 2-1B. Cuando hablo con los fans de Star Wars y les digo que estaba usando el droide médico, se enojan y me dicen que se llama 2-1B. Y yo les tengo que pedir disculpas por mi ignorancia. Saben mucho más que yo, y los admiro por eso. Son los más apasionados, los más afectuosos y siempre me han apoyado mucho. Es algo que me conmueve. 

Además, no es algo que suele ocurrir a menudo en el cine...
Claro. Es que si revisas mi carrera, verás que he hecho muy pocas cosas que han tenido un impacto tan grande. Cuando me preguntan si no me apena que sólo me recuerden por un papel, respondo que no, porque yo no esperaba que nadie me recordara en lo más mínimo. Esto es un verdadero triunfo para mí. Especialmente porque me toca regresar sin tener que ser el protagonista. Son los jóvenes los que hacen la tarea más pesada. A mí me sorprendió que Luke apareciera sólo en los últimos 30 segundos de El despertar de la fuerza y que la campaña de marketing usara el misterio de mi participación para promover la película. Ni siquiera aparecía en el póster. Hasta llegué a preocuparme un poco. Los encargados de marketing me explicaron que no me iban a llevar a The Tonight Show o a Jimmy Kimmel (programas estrella de la televisión en EE.UU.), y en cambio me dediqué a ver como todos los demás saltaban de un show a otro. Me pareció maravilloso. Recibí toda la atención sin tener que hacer nada. Fue algo a lo que me acostumbré. Estuve a punto de decirle a Rian (el director, Rian Johnson) que teníamos que hacer lo mismo en esta película. Que me diera un papel que fuera el doble de grande que en El despertar de la fuerza aunque no dijera una palabra. Me hubiera encantado algo así...

Nos dejó sin aliento en el final de El despertar de la fuerza...
Es cierto. El misterio que generó el final de la séptima película fue muy grande, y todo termina con ella (Rey) sosteniendo el sable de luz. Cuando hicimos esa escena, no recibí instrucciones específicas. Simplemente la filmamos y me pidieron que usara diferentes emociones: sospecha, enojo, tristeza, para que después decidieran cual era la toma que querían usar. Pero no me dijeron nada, más allá de lo que yo había visto en el guion, donde él pensaba que Kylo Ren era el elegido por Luke, creyendo que iba a ser su sucesor, y sintiéndose terriblemente culpable cuando él se deja llevar por el Lado Oscuro. Pero hay mucho que no se cuenta, ni siquiera en la nueva película. Le dije a Rian que quería poder entender qué era lo que mi personaje había estado haciendo desde El retorno del jedi, porque los actores necesitan tener una historia. No es importante para el público, pero los actores sí necesitan saber. De todos modos, la estrategia es ir contando su historia a lo largo de tres películas. 

¿Cómo fue el trabajo con Rian Johnson en este nuevo filme?
Es un director maravilloso, un gran narrador que sabe donde poner las cámaras. Es muy amable, nunca grita, ni insulta ni denigra a los demás. Es una gran persona, un gran colaborador que escucha tus ideas. No creo que hubiera podido hacer esta película sin él, porque volver a ser Luke Skywalker fue escalofriante. Cuando le conocí, le dije que tenía que confesarle algo y le expliqué que estaba aterrorizado, que todo el mundo iba a estar demasiado atento al regreso de este personaje. Cuando trabajas en Broadway, nadie en Hollywood tiene idea. No les importa, y es perfecto. Cuando hago animación, adoro el anonimato que da. Disfruto de que sea el sueño más cómodo que pueda tener un actor, porque no hace falta memorizar los diálogos, simplemente los lees. Te puedes presentar a la grabación luciendo como un demonio y puedes subir de peso porque a nadie le importa. Para esos papeles contratan con los oídos y no con los ojos y te dan la oportunidad de interpretar a personajes que nunca hubieras podido hacer ante la cámara. Es muy liberador que nadie te vea porque hay cosas que nunca te atreverías a hacer filmando. El Joker que interpreto en las series animadas es mucho más ostentoso que todos los que se han hecho en el cine. Y lo he podido hacer así porque los dibujos te permiten enfatizar mucho más; frente a las cámaras tendría que ser más sutil. Lo cierto es que Rian me escuchó y me dijo que era así, que todo el mundo iba a estar esperando ese momento, y que lo íbamos a filmar de esa manera. Cuando llegamos al plató, había una cámara gigante muy alejada de mi rostro, en una toma en la que de alguna manera aceptaba la enormidad del proyecto. Fue de verdad escalofriante. Si hubiese sido por mí, me hubiera metido en un rincón con una sábana, en posición fetal. Pero él me dijo que también le asustaba el proyecto. Y eso me sorprendió. No hacía falta que me dijera que también estaba aterrorizado. Me quedé pensando en que si yo tenía miedo siendo simplemente un actor que regresa a un papel después de muchos años, lo que debió de ser para él, que tuvo que escribir el guion y dirigir la película. 

¿Qué piensa sobre la decisión de dar nueva vida a Peter Cu­shing en Rogue One?
Es un tema para debatir. Yo adoraba a Peter Cushing. Era un hombre que podía hacerlo todo, de Sherlock Holmes o interpretar a villanos. Era un actor muy versátil y un hombre muy afable, un típico caballero inglés. Solía fumar con un guante de color lavanda en la mano, y yo siempre me preguntaba por qué: no quería impregnar de olor a cigarrillo las manos de la gente cuando les saludaba. Pero cuando lo vi en Rogue One tuve sentimientos encontrados. Vi el tráiler y allí apenas se ve, por lo que no imaginaba que iba a tener un papel tan importante. Supongo que es todo un debate moral sobre si fue una decisión acertada. Mis hijos me han preguntado si cuando me muera van a poder vender mi imagen. Y yo les he dicho que sí, que me vendan. Mi esposa les preguntó qué pensaban de que su padre se convirtiera en una leyenda de Disney. Y ellos respondieron que en mi cabeza yo siempre había sido una leyenda. A lo que yo contesté que ahora tengo una prueba concreta de que de verdad lo soy. Hablando en serio, es un tema complicado. Me asombré con lo que pudieron hacer usando a un actor que se le parecía, con las máscaras y con el que puso la voz. Espero que no hagan eso con Carrie. A Todd Fisher, el productor, le pareció una gran idea, pero va a ser una pregunta que nos vamos a tener que hacer en el futuro. Recuerdo a Fred Astaire bailando con una aspiradora y a Marilyn Monroe vendiendo ya ni me acuerdo qué. A medida que la tecnología mejore, va a ser más fácil hacerlo. Cuando hicieron la escena en la que recrearon a Carrie, había algo que no quedaba bien. Era más un videojuego que una película. Creo que funcionó a la perfección en Rogue One: ella se da vuelta y es el final de la película y el comienzo de la trilogía. Funcionó de una forma que no podría haber sido ­resuelta de ninguna otra manera...