Soy un perro que ladra y muerde, un cóctel molotov

Hora de ponerse el chaleco antibalas. Regresa el pope de la novela negra estadounidense con más polis malos, sucias intrigas y amores a quemarropa. Toma y daca con algún exabrupto peron sin sangre a James Ellroy en su casa de Denver, Colorado.

Foto de Felip Vivanco

Grrrr. Gruñido-bienvenida de James Ellroy (Los Ángeles, 1948) en el umbral de su piso en Denver, Colorado. Camisa hawaiana y taza en la mano. “¿Quiere un café?”. Autor incombustible de densas autopsias (lingüísticas, dramáticas y políticas) del Los Ángeles de los cuarenta y cincuenta, época en la que nació y en la que, a sus 10 años, asesinaron a su madre. Es ese el mundo en el que ha decidido vivir. No habla del aquí y el ahora, como mucho de boxeo, del mexicano Canelo Álvarez, que le fascina, y de su lagarto de cerámica Héctor – “Hola beibiiiii”– al que efectivamente trata como si estuviera vivo. Cuando le preguntan por Trump, responde: “Nooouu, nooouu: yo vivo en 1942, brother

“De niño iba mucho a la biblioteca. Los libros que leía me moldearon, más que el asesinato de mi madre o las fechorías que hice de chaval y que no justifico”

Lúcido, sereno y desorbitado sólo a ratos, el escritor atiende con interés –“No estoy actuando en la entrevista”, asegura–. Está en  buena forma –ni drogas ni alcohol– y en constante erupción creativa. Algunos lectores recordarán L.A. Confidential o La dalia negra, novelas llevadas al cine, y que forman parte del Cuarteto de LA. Con Perfidia (2015), el autor inició un nuevo ciclo, una cuádruple precuela, que también edita Literatura Random House. Ahora la continúa con Esta tormenta, minucioso retablo humano en los que destacan la fosforescente Kay Lake, el brillante forense Hideo Ashida y uno de los grandes desalmados de las letras norteamericanas: el sargento y más tarde capitán Dudley Smith.

Ha ido de ciudad en ciudad. 
Vivo aquí desde hace tres años y medio. Antes viví en Kansas City hasta 1995. Luego me fui a Carmel, a San Francisco, Los Ángeles... Carmel es la ciudad de la que fue alcalde Clint Eastwood, se me había olvidado. Pero ya no lo era cuando yo fui allí.

¿Por qué Denver?
Regresé con mi segunda exmujer, Helen Knode. Ella vive abajo y yo tengo este piso en la segunda planta. Ese es el trato.

¿Se siente una estrella de Hollywood exiliada en Denver?
No soy una estrella de Hollywood y Denver me gusta. Es tranquilo, un poco frío. Ni se me ocurriría ir a Los Ángeles a vivir. 

Qué diferente está el Los Ángeles de hoy en día, deprimente, y el de sus novelas, tan vivo.
Está sucio, contaminado, abarrotado. Los Ángeles parece vieja, es una idea gastada. Una ciudad moralmente malsana.

“No, Dios no está de vacaciones. Yo tengo fe, vivo en mi fe, en mi imaginación, no vivo en el mundo actual, sino en 1942, en el pasado, en mi burbuja: es mi decisión”

Aunque hay tiros, violencia y muertes a mansalva en Perfidia y Esta tormenta, casi se prefiere el Los Ángeles de inicio de los cuarenta que no el de hoy en día infestado de desigualdades sociales y pobreza. 
Es así, pero yo no hablo de la América de hoy en día ni de la política de Estados Unidos porque no sé nada de lo que pasa. Vivo en 1942, en los Ángeles. Lo sé todo de Los Ángeles en 1942, Pearl Harbor, la II Guerra Mundial, Franco, la Falange, los anarquistas. Todas esas mandangas, ¿sabe? Mis libros no tienen nada que ver con la América de hoy en día. Si la gente quiere creer que sí, allá ellos.

¿Existen paralelismos?
Sí, paralelismos, sí, pero lo digo en serio. No tengo ordenador, ni móvil, ni televisor. Un estéreo sí. Sigo escribiendo a mano.

Los críticos dicen de usted que es el escritor de novela negra más celebrado de EE.UU. A ver si van a exagerar un poco…
Ni soy el más alabado, ni el más celebrado ni el que vende más libros, otros venden más que yo.

¿Cómo se considera?
He logrado un grado muy alto de reconocimiento y eso es bueno, me basta. Mire mis obras: son densas, fuertes. Si quiere, mi contribución a la literatura mundial es hacer converger la novela negra con la histórica. Yo nací en 1948 un año crucial para el film noir y es alrededor de esa fecha que escribo mis obras. Con tal de que compren las novelas y las lean… de lo contrario, fuck you! Va fan culo, va fan culooo. (Continuados cortes de mangas y risas)

De chaval robó algún que otro libro por su voracidad lectora. ¿Y si alguien robara alguno suyo por esa misma necesidad?
No los enviaría a la cárcel, eso seguro. No justifico las fechorías que hacía en aquellos años, era un chaval. Pero si un joven birla una de mis novelas… en fin.

“Tengo un detector que me indica si las películas son una mierda. De ‘Blade Runner’ sólo me gusta una escena. No he visto ‘Star Wars’, ‘Ciudadano Kane’ está sobrevalorada”

¿Qué recuerda de aquellos años de adicción lectora extrema?
Los que me gustaban mucho eran de la serie Hardy Boys, novelitas policiacas y de misterio para niños. Yo iba mucho a la biblioteca, tenía carnet… pero  no tenían la colección. Los libros que leía me moldearon. Más que el asesinato de mi madre o mis aventuras adolescentes. 

¿Iba más a la biblioteca que a la iglesia?
Iba mucho a misa. Y aún voy, ¿eh? Soy cristiano, creyente.

A veces cita a Dostoyevski y su “donde no existe Dios, todo es permisible”. 
Creo en eso, necesitamos un Dios. Perfidia y Esta Tormenta son novelas de creyentes, Bill Parker y Dudley Smith son católicos devotos. 

Es verdad que el mundo podría estar peor, pero tal y como está,  ¿no cree que Dios se ha ido de vacaciones a los territorios exteriores de Blade Runner?
No, Dios no está de vacaciones. No lo creo. Tengo fe. Además, ya se lo he dicho, brother, no vivo en el mundo actual, sino en 1942. Vivo en mi imaginación, vivo en mi fe, la fe viene con facilidad. Vivo en mi burbuja, es mi decisión. Estoy contento de estar vivo en el 2019, así que puedo habitar en el pasado. Ah, y que conste: no me gusta Blade Runner, ni la ciencia ficción.

iene fama de quisquilloso en general y sobre todo con el cine.
Lo admito. ¿Sabe lo que me gusta de ese filme? Joan Cassidy bailando con la serpiente. Qué mujer. Debe tener unos 75. La hostia. Es el tiempo que pasa, es lo que nos hace a todos, brother. Es mi escena sexual favorita cuando baila en el escenario y luego se ducha y se seca. Una gran escena.

¿Por qué es tan tiquismiquis?
Tengo un detector que me indica si las películas son una mierda. También en literatura, apenas leo obra actual. Primero, no me gusta Harrison Ford como actor, siempre me ha parecido estúpido [Ellroy simula que se ahoga y/o le dan arcadas]. Y segundo, no tengo una visión distópica del mundo, que no va a explotar de un momento a otro. Y Los Ángeles no está tan mal como en Blade Runner, sus naves y su lluvia ácida.

“Con los años cuesta más escribir porque soy más duro conmigo mismo, me exijo más. ‘La dalia negra’ la escribí con 37 años, tenía instinto pero era más inconsciente”

¿Cuál fue la última película que dijo ‘no está mal’?
Me gustan el cine de los setenta, los coches grandes, con músculo, con motorazos. Me gustaría comprar uno, pero mi novia cree que es una idea sin pies ni cabeza. La última que me pareció interesante fue una de detectives, Hickie and Boggs (en España, El rastro de una suave perfume, 1972) con Bill Cosby y Robert Culp. 

En Perfidia, el sargento Dudley Smith está perdidito por Bette Davis. Aparecen Carole Lombard, Gloria Swanson... En L.A. Confidential, Lana Turner. ¿Cuáles son las actrices de su vida?
Una es Shirley Knight (nominada dos veces a los Oscars, una por Dulce pájaro de juventud), que todavía vive. Hizo muchas películas, es de Kansas. La otra es Lois Nettleton (premiada con cinco Emmys), no tan conocida como Knight. Murió en el 2008. Que Dios la tenga en su gloria. Las vi a las dos en una serie que se llamaba Naked city (Ciudad desnuda)… Oooohhh.

¿Es posible que sus novelas tengan algo en común con películas de Robert Altman como El largo adiós o, especialmente Nashville, muchas voces, muchas tramas, mucho ruido, esa niebla psicológica?
Para que conste, creo que Nashville es la grandísima película americana. Creo que Ciudadano Kane... malo, malo, malo (en español en el original). Está sobrevalorada. Nashville, arriba. En Esta tormenta sale Welles y no queda muy bien parado. 

En Perfidia también sale.
Sí, Smith y Bette Davis van a verla al cine y Smith odia la película, porque lo que quiere es irse  a un hotel y llevársela al catre. Respecto a Altman, me gustó mucho El largo adiós porque es una versión que evidencia que Raymond Chandler es un mierdoso. Ya lo creo que lo es. Nashville celebra y critica América, está impregnada de ese espíritu americano. Dios bendiga a Altman. Espero verlo en el otro lado. Oí que no era muy buena persona, no sé.

¿Y usted es bueno, señor Ellroy?
Sí, soy un buen tío. Lo único que me sabe mal es no haber nacido perro. O un lagarto como Héctor. Hace dos años vi uno en medio del desierto de Arizona. Era casi tan grande como este. Es venenoso pero no mortal. Si te muerde te quedas lelo dos horas y ya está. 

Citaba a Chandler. ¿Le gustan más las de James M. Cain?
Sí, y las de Hammet. Chandler, no. Ross McDonald, sí. Los únicos que me preguntan por los grandes maestros siempre son europeos o británicos.

¿Los estadounidenses no?
No, a nadie le importa ya nada de eso. En EE.UU. sólo interesa el aquí y el ahora, ahora, ahora.

¿Cómo es eso que explica que, de niño, creía que la guerra aún no había acabado?
Tenía 8 años, dije algo y mi madre entendió que yo creía que la Segunda Guerra Mundial aún continuaba. Me dijo “noooo, acabó antes de que tú nacieras”. No la creí. Mi imaginación se alimentó a partir de los ejemplares de la revista Life que mis padres guardaban en un armario. Miraba las fotos de los tanques, las comisiones de investigación, las guerras de bandas…

Suena a Don Quijote leyendo libros de caballería. ¿Cuando acaba de escribir novelas como  Perfidia o Esta tormenta no se riñe a sí mismo en plan “Vamos James, has vuelto a escribir siete novelas en una”?
No. Escribo lo que me gustaría leer y no encontré de niño, novelas policiacas que no eran ni lo suficientemente largas, ni complejas, ni densas. Las personajes encarnados por las mujeres no eran tan buenas ni las investigaciones policiales tan complejas. Ahora estoy preparando la tercera entrega, tejiendo los detalles hasta inicios del 2020. Escribiré menos libros, pero más ambiciosos.  

Respecto a las mujeres, ¿Lynn Bracken, Kim Basinger en L.A. Confidential o Kay Lake, la Scarlett Johansson de La dalia negra son dos ejemplos?
Mi novia cree que Kay Lake es uno de los grandes personajes de la literatura americana. Estoy de acuerdo. Esa idea de hacer que escriba en primera persona funciona. Kay aparece en Esta tormenta y en la siguiente entrega. Es mi personaje favorito de todas mis novelas. Le tengo cariño a Hideo Ashida, el forense japonés que trabaja para la poli, es un tipo torturado…

¿Se ve como un artesano?
Soy lento, meticuloso y quiero que cualquier detalle tenga un rigor. Todo eso me permite que las novelas tengan drama y sean violentas. Confío en mis instintos, ¿sabe? Hay algo vital en mi modo de escribir, convertir en ficción la vida de gente real.

¿Con el tiempo, con los años, le cuesta más escribir?
Sí, mucho más. Porque soy más duro conmigo mismo, me exijo más, soy más meticuloso. La dalia negra la escribí cuando tenía 37 años, era mucho más inconsciente entonces. Sí, tenía el instinto, pero he ido desarrollando el lenguaje de esa época desde entonces. 

Algún crítico ha escrito que El Segundo Cuarteto de LA es la serie de precuelas más importante desde la segunda trilogía de Star wars…
Mire, nunca he visto ninguna de esas películas...

¿Pero siente la responsabilidad de mantener el latido?
Sí, siento la obligación moral de ser cada día mejor y mejor y mejor. ¿Sabe? Yo soy un perro que ladra… y que también muerde, que escribe como si tuviera taquicardia, al que siempre le gustó la música del pasado.

¿En otra vida, policía o villano?
Villano nunca. Prefiero poli.

Pero los de sus novelas no son santos que digamos.
Aún así son preferibles.

...Son muy despiadados…
Los polis siempre son los buenos. 

¿Nunca dejará de ser explosivo? 
No, siempre seré creativo, explosivo, un cóctel molotov. 

Zarpa de diablo, dientes de lagarto

Y en el capítulo de hoy, instrucciones para llegar a la Ellroy House. Desde el aeropuerto, a miles de años luz del centro, se necesitaría otro avión. 16.ª Avenida, Denver, Colorado. Si se fía de Google Weather, con su sol de mentira, necesitará una gabardina recia: caerá aguanieve. Si dice que llueve, póngase manga corta. Para subir al piso,  siempre en penumbra, hace falta franquear dos puertas y saber manejar un directorio imposible de entender. Gracias  vecino caritativo que pasaba por ahí. Aparece la voz rocosa del Perro Demoniaco de las letras americanas. “Segundo piso, ascensor”. Como el tango. Adentro, un jardín botánico de libros. El invitado se sienta en el sillón rojo republicano y él en el azul de los demócratas. Mejor no sacar conclusiones. La verdad y la ficción se entretejen en su obra y su vida. Chismes que él mismo difunde. No hay tele. Pero sí un estéreo y vinilos de Beethoven. El estéreo es sagrado. También Héctor, lagarto moldeado en cerámica y teselas multicolores. El bicho no está vivo, y usted tampoco lo estará si le pisa la cola. Ellroy siempre presume de tener unos 35 revólveres. ¿Dónde los guarda? ¿En este piso o en el que posee en el mismo rellano su exmujer y ahora renovia? El autor se acuerda de Claudio López Lamadrid, su editor,  alma imperecedera de Random House, que murió hace unos meses. “Claudio era un buen hombre”, musita. Se acuerda de Glenda, una antigua novia que lo dejó. Por la ventana  se oyen pasar trenes mercancías. Ahora, unas polaroids. Ellroy gruñe. Ladra. Saca la zarpa. Está contento o disimula muy bien. Y en el próximo capítulo: ‘Instrucciones para hablar por teléfono  fijo con James Ellroy’. Mensaje inicial del contestador automático: “Si es usted abogado, ya puede ir colgando”.