Allen frente a Winslet

Que la actriz británica rodara con Allen desató una tormenta mediática; ella se centró en un trabajo por el que seguramente será candidata al Oscar

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Woody Allen presentó en París 'Wonder Wheel' junto al resto del equipo artístico de su nuevo filme, Kate Winslet, Justin Timberlake, James Belushi y Juno Temple, en un encuentro marcado por el silencio y las dudas que generan las denuncias de acoso sexual que no paran de surgir en Hollywood.

Si un gran artista es una mala persona, o eso dice la gente de él, si ha hecho cosas inconfesables o poco decorosas, o eso parece, ¿debemos ignorar su trabajo? ¿Debemos rechazarlo? Y luego pongamos un nombre a ese artista: Woody Allen. 

Que la actriz británica rodara con Allen desató una tormenta mediática; ella se centró en un trabajo por el que seguramente será candidata al Oscar

Allen presenta en París su última película, Wonder Wheel, con el resto del equipo artístico,  con Kate Winslet, Justin Timberlake, James Belushi y Juno Temple, aunque Winslet se reserva para los encuentros relámpago frente a las cámaras de televisión. No desciende a la arena, quizá por los problemas que ha tenido en Estados Unidos hablando de su trabajo con Allen. A sus 42 años, la ganadora del Oscar se ha vuelto prudente. 

Ya desató una tormenta mediática en las redes sociales con sus declaraciones a The New York Times sobre su decisión de protagonizar Wonder Wheel a pesar de las sospechas que se ceban en Allen, “porque no sé si nada de eso es falso o cierto”, dijo. Y en París se muestra más precavida: “Los actores siempre vamos a decir algo equivocado, por eso creo que, de una forma respetuosa, es mejor quedarse a un lado de la discusión”.

Pero lo que queda fuera de toda sospecha es que su trabajo en Wonder Wheel –filme llegado a las pantallas españolas este fin de semana– la convierte desde ya en candidata a ser candidata en los próximos Oscar. 

Arranca el nuevo filme de Allen, el número 49.º de su carrera, con un monólogo de Justin Timberlake. Encarna a Mickey Rubin, aspirante a escritor, joven salvavidas de playa que, desde su sillín elevado, en la misma playa donde trabaja, empieza a contar lo que pasa con él mismo y con los otros personajes principales de esta nueva tragicomedia de Allen virada hacia la pasión, la violencia y la traición. 

Estamos en la década de los cincuenta en medio del bullicio feliz y el ajetreo constante del famoso parque de atracciones neoyorquino de Coney Island, donde el fatuo jovencito que es Mickey, embutido en un ajustado bañador, imposible incluso para la época, evoca la figura de Ginny, centro absoluto del drama: un complejo personaje que Winslet eleva al rango de figura trágica y que defiende como un león encerrado, dispuesta a dar zarpazos a quien se le ponga por delante. 

Belushi evita el escándalo de los abusos que sacude Hollywood; Timberlake dice que el lado bueno es que da fuerzas a las personas acosadas

De carácter explosivo e imprevisible, Ginny, el personaje de Winslet, es una aspirante a actriz que ha dejado de soñar. Trabaja como camarera en Coney Island y es una mujer rota, al borde del ataque de nervios pero sin pizca de sentido del humor, a diferencia de lo que pasaba en la famosa comedia de Almodóvar.

“Este tipo de mujeres complejas han sido las grandes protagonistas del teatro y la literatura, empezando por Medea y Antígona, unos personajes inol­vidables, imprevisibles, decididos, de tragedia griega. Con Ginny me siento como si fuera Eugene O’Neill, como si fuera Tennessee Williams, porque tengo en mis manos un personaje de alto voltaje emocional, complicado, y sí, una mujer rota, como usted dice. Los personajes femeninos son siempre mucho más interesantes y fecundos que los hombres, y la historia universal del drama está repleta de mujeres que viven su vida de forma menos romántica de lo que sueñan”, dice Allen.

Tras constatar que Wonder Wheel es sobre todo el desgarrado e imprevisible trabajo de Kate Winslet como Ginny, la siguiente cuestión es inevitable: ¿Es Ginny un poco el mismo Woody Allen? “No, no. Yo soy más Mickey (Justin Timberlake, el amante de Ginny). Tan sólo la mitad de Mickey, a decir verdad, pues yo no ejercería nunca de salvavidas; sé nadar, aunque no tanto como para rescatar a nadie. Pero entiendo muy bien sus sueños de ser escritor. Mickey quisiera ser Chéjov y no sabe que nunca lo será. Yo al menos ya sé que no...”

El marido de Ginny se llama Humpty (Jim Belushi) y es el encargado de la noria de Coney Island (que da título a la película), un lugar decadente y abandonado que, sin embargo, el director de fotografía Vittorio Storaro, el mago italiano de la luz, recrea con un aura intemporal, casi de leyenda artúrica. Humpty es un hombre en su mundo, con problemas con la bebida y, de paso, con el sentido de la realidad. Para acabarlo de complicar, en el triángulo formado por él, Ginny y el salvavidas, se instala Carolina (Juno Temple), la hija de Humpty, que huye de un marido mafioso. “Kate tiene una luz que nos iluminaba a todos”, dice Timberlake mientras casi hay que secarle la baba que se le escapa al hablar de su compañera de rodaje. “Trabajar junto a ella es una experiencia que no tiene precio. Kate es un tesoro internacional de la interpretación, por decirlo de forma suave”.

Belushi tiene aquí, como Humpty, un tono lastimero del todo inesperado en su recorrido artístico, preferentemente por la comedia. Algo que el mismo Belushi, ruidoso y divertido, encuentra estupendo, como una nueva oportunidad para su carrera. De Kate habla Belushi con el mismo respeto, e incluso con más cariño, que el resto del elenco. “Mientras rodábamos –dice– Kate estaba en ignición y me decía, ‘sabes, no he dormido en toda la noche pensando en la escena, no me había pasado nunca, nunca, vamos a darlo todo, eh, Jim’, y empezábamos a rodar, y lo hacía con una fuerza y una precisión que te arrastraba”.
Pero todo el humor y toda la extroversión de Belushi se desvanecen cuando se le recuerda el feo asunto de los acosos sexuales, ese fantasma que recorre Hollywood desde hace semanas. “Soy un actor. Me pagan por decir las cosas que otros han escrito, me permitirán entonces que en este caso me guarde mi opinión para mí”, dice. Y es que el asunto del acoso tiñe el encuentro con los protagonistas de Wonder Wheel de silencios, donde el nombre de Woody Allen está presente sin estarlo. Como si fuera el señor X de todo el asunto...

La X no la pone este periodista, la ha puesto hace mucho Ronan Farrow, hijo de Woody Allen y Mia Farrow, un elemento capital en el escándalo que rodea estos días todo lo relacionado con las acusaciones de abusos de varias actrices hacia él, hasta hace nada, todopoderoso productor Harvey Wienstein. Acusaciones que han ido seguidas de denuncias semejantes contra otros protagonistas destacados del mundo del arte y de la cultura en Estados Unidos, en una cascada imparable. Con nombres prominentes implicados como Kevin Spacey, Dustin Hofman, Steven Segal y el cómico Louis C.K. por ceñirse al mundo de la interpretación.

Farrow, como periodista, desde las venerables páginas de The New Yorker, fue el primero que utilizó la palabra violación en referencia a Wienstein. Su compromiso contra el abuso arranca del enfrentamiento de décadas con Woody Allen, desde que se alineó con su hermana Dylan en la denuncia por abusos contra su padre. Años después, tras el escándalo que rodeó aquel caso, el mismo Farrow llamó la atención, durante la presentación de un filme de su progenitor en Cannes, sobre el silencio y la impunidad que rodean a la figura de Allen en lo que definía de “mensaje equivocado”, como si los medios dijeran “vamos a mirar hacia otro lado”. 

Pero ese mirar hacia otro lado se ha acabado. “Es un asunto muy serio con el que mejor no frivolizar”, declara Timberlake. “Mi única esperanza es que esto dé fuerza a la gente, que cualquier minoría que haya sido acosada se encuentre confiada para hablar en voz alta. Hay una energía que notas y que ha dado fuerza a muchas mujeres, ese es para mí el lado bueno de este feo asunto”.