La Copa de las sorpresas

Un nuevo sistema de competición y una clase femenina marcaron el desarrollo de la Copa del Rey Mapfre 2019, que reunió una flota de 132 barcos de 26 países en la bahía de Palma. Fue también la Copa de los dos reyes, el de España y el de Noruega, que toman parte en una clase de crucero, Swan 50, llamada a ser una de las más competidas y espectaculares de este deporte

La Copa del Rey Mapfre no quiere caer en la rutina y de ahí que en esta 38.ª edición, celebrada en la semana del 29 de julio al 3 de agosto en la bahía de Palma, estrenara un nuevo sistema de competición para que en las dos últimas jornadas se vivieran regatas decisivas, llenas de tensión y emoción, en las que un buen número de barcos de cada clase tenían oportunidades claras de ganar el prestigioso trofeo creado por el Real Club Náutico de Palma.

El novedoso método preveía que de lunes a jueves se celebraran pruebas cuyos resultados se acumulaban y se sumaban como siempre. Y, si se completaba un mínimo de regatas durante esos cuatro días, se abría una fase final en la que se descartaban los puntos anteriores y los veleros pasaban a tener los puntos que correspondían a su puesto en la clasificación: uno el primero, dos el segundo, tres el tercero y así sucesivamente. La clasificación se comprimía entonces de nuevo y se abría una lucha decisiva por el título en los dos últimos días de competición.

El sistema encontró defensores y detractores, como es lógico e inevitable, pero resulta innegable que cumplió su objetivo, porque las dos últimas jornadas, viernes y sábado, se produjeron vuelcos espectaculares en determinadas clases e incluso, en algún caso, acabó ganando un velero que con el anterior sistema hubiera estado ya completamente descartado para el título.

El rey Felipe se incorporó a las regatas en la jornada del jueves y el papel del ‘Aifos’ mejoró notablemente: acabó quinto en una flota de catorce veleros Swan 50

Un total de 132 embarcaciones de 26 países se dieron cita para competir en el paraíso de la vela que es la bahía de Palma, organizadas en once clases distintas. A excepción de la clase GC32, la de los denominados catamaranes voladores, que sigue un calendario y unas reglas específicas -además de unas estrictas reglas de seguridad debido a las altísimas velocidades que alcanzan estas embarcaciones-, los barcos que toman parte en la Copa del Rey Mapfre se dividen, a grandes rasgos, entre los que compiten en clases monotipo, en las que todos los barcos son exactamente iguales, y los de los sistemas de compensación de tiempos, en los que barcos desiguales pueden regatear juntos. En esta edición, las clases de tiempos compensados eran IRC, ORC0, ORC1, ORC2 y ORC3, que agrupan a los distintos veleros atendiendo a una cierta homogeneización de tamaños y velocidades.

Las clases monotipo, con veleros idénticos que compiten en tiempo real, eran Swan 50, Swan 45, Swan 42, J80 y, otra de las novedades de este año, la Purobeach Women’s Cup, una clase femenina creada con el objetivo de promocionar la presencia de las mujeres en el deporte de la vela, en el que desde siempre compiten de igual a igual con los hombres pero donde, salvo algunas excepciones, no ocupan los puestos de mayor responsabilidad en los barcos y no reciben el mismo reconocimiento o proyección que ellos. 

Fue precisamente en esta clase femenina, que se disputaba a bordo de veleros Viper 640, con tripulaciones de cuatro mujeres en cada uno, donde el nuevo sistema de competición provocó una de las grandes sorpresas de la Copa del Rey Mapfre 2019. La bimedallista olímpica Natalia Vía-Dufresne (plata en Barcelona’92 y Atenas‘04) dominó con enorme claridad la primera fase de la competición y todo parecía apuntar a que ganaría la Copa con su Dorsia. Pues bien, en la jornada del viernes, al comenzar la fase final, acumuló una sucesión de malos resultados que la hundieron en la clasificación, aunque finalmente consiguió reaccionar el sábado para salvar al menos la tercera posición de la general y subir al podio de esta primera edición de la competición femenina. 

La dinámica inversa la protagonizó el equipo de la Federación Balear de Vela, liderada por Helena Alegre, que había acabado tercera en la fase inicial y que brilló de manera notable en esas dos últimas jornadas para alzarse con el título en sus propias aguas. Segunda fue la Federación Catalana, con Aura Miquel como patrona.

En ORC3, la clase de los barcos más pequeños de los tiempos compensados, el vuelco  fue aún mayor. El velero barcelonés L’Immens, de Alexandre Laplaza, había quedado en sexta posición en la fase inicial, pero fue capaz de remontar, mostrando una gran regularidad en las tres regatas decisivas, y se llevó el trofeo por segundo año consecutivo.

También repitió triunfo el Estrella Damm, en la clase ORC1, pero en este caso el velero de la cervecera catalana no dio opción a la sorpresa. La ya clásica batalla que libran en los últimos años el Estrella Damm y el Rats on Fire de Rafael Carbonell en las principales competiciones se ha convertido en uno de los grandes alicientes de la vela de crucero en España. En esta Copa del Rey, los dos veleros llevaron su igualdad hasta el pleno empate en la jornada del miércoles. A partir de ahí, el Estrella Damm, con Luis Martínez Doreste al timón, se impuso en el resto de las pruebas disputadas, en una exhibición de destreza y regularidad.

Entre los veleros monotipo, la clase Swan 50 es la reina. Y lleva camino de convertirse en el referente de las regatas costeras de alto nivel. El Swan 50 es un velero de 15,24 metros de eslora (longitud del casco) creado por el prestigioso diseñador argentino Juan Kouyoumdjian para el astillero Nautor’s Swan, que ha logrado un éxito tal con sus distintos modelos que ya son abrumadora mayoría en las regatas, como se comprueba en la bahía de Palma. 

El Swan 50 estrenó clase propia en la Copa del Rey Mapfre en el 2017, con seis barcos, repitió en el 2018 con diez veleros y ha alcanzado las catorce unidades en este 2019.  Para la próxima edición ya se espera una veintena de barcos Swan 50. La presencia de muchos de los mejores regatistas del mundo en las tripulaciones y la participación de dos reyes, Felipe VI de España y Harald V de Noruega, es un aliciente que atrae a los armadores para unirse a esta clase.

En Swan 50 no se produjeron sorpresas en la clasificación. El dominio del Cuordileone de Leonardo Ferragamo, el empresario italiano que salvó al astillero finlandés Nautor’s Swan de la quiebra hace una veintena de años, fue imparable y el cambio de posiciones se redujo a las restantes plazas que completaban el podio.

El papel del rey Felipe fue notable. Se incorporó a las regatas el jueves, cuando ya se habían disputado siete pruebas y el Aifos 500 de la Armada española era octavo en la general, y a partir de ahí el rendimiento del barco mejoró, pese a lo difícil que es para un timonel ponerse a los mandos de un velero de competicion sin haber tenido tiempo para entrenar con la tripulación. Al final acabó quinto en la general, con un cuarto puesto en una de las regatas del viernes como mejor resultado de la semana. 

Harald de Noruega, por su parte, acabó décimo, tras haber mejorado una plaza en las pruebas de la fase final. 

La clase J80 es una de las clásicas de la Copa del Rey Mapfre y también vivió un baile de posiciones en la fase final instaurada este año. Ocho de las once tripulaciones participantes llegaban de haber disputado unos días antes el Campeonato Mundial, que tuvo lugar en Getxo (Bizkaia), incluida la de la presidenta de la Federación Española de vela, Julia Casanueva, que está íntegramente formada por mujeres.   Aquí ganó el Grupo Garatu, con el Bribón Movistar segundo y el Solintal, que había liderado la fase inicial, tercero. El Herbalife de Casanueva, que apoya que haya pruebas femeninas y también que haya tripulaciones de mujeres que compitan contra hombres,  finalizó octavo.