India a todo color

Ungida hace unos meses por la Unesco como patrimonio de la humanidad, Jaipur, la capital del estado indio de Rajastán, fascina y espanta a la vez. Como casi todo en este país donde a menudo se difuminan las fronteras entre la opulencia y la miseria.

Puro teatro. Puro horror vacui. Allá donde se mire lucen llamativos los colores de las ofrendas de los templos y los abalorios de las mujeres, hasta la más humilde en su sari de ­princesa. Chocan al visitante los aromas que al doblar la esquina viran de lo sublime a lo nauseabundo y las bocinas de los tuk tuks, sorteando como en un videojuego las fanfarrias de una boda o alguna vaca despistada, o un camello tirando de un carromato cual mulo de carga. El bendito caos de Jaipur parecerá, sin embar­go, razonablemente ordenado en comparación con casi cualquier otra urbe de India. Porque, además de que aquí los motoristas llevan casco y los tubos de escape contaminan menos de lo habitual, la capital del Rajastán presume de haber sido la primera ciudad del país planificada a conciencia. Un urbanismo, a caballo entre lo metafísico y lo práctico, que tuvo muy en cuenta la Unesco al declarar la ciudad patrimonio de la humanidad el verano pasado.

El marajá Yai Singh II, apasionado de las matemáticas y la astronomía, ponía en 1727 la primera piedra de la nueva capital de su reino. En una llanura a los pies de las colinas en vez de, como era costumbre, en sus alturas, parece que concibió Jaipur con la forma de un mandala de nueve rectángulos, por los nueve planetas del zodiaco védico. Sobre este plano cósmico de geometrías a cuadrícula, la dotó de bazares para favorecer el comercio y de un entramado de embalses capaz todavía de garantizar el agua a los ahora tres millones de almas de este pueblo grande en la antesala del desierto. También, hizo construir unos bulevares porticados tan anchos que tampoco se le han quedado pequeños a semejante caudal de humanidad.

Aunque igual de abigarrada, el caos de Jaipur es más ordenado que el de otras ciudades indias, pues la capital de Rajastán presume de su planificación urbanística del siglo XVIII

En cosa de cuatro años, los mejores arquitectos y artesanos tenían ultimados los principales palacios y templos de la que, siglo y medio más tarde, cuando ya los británicos mandaban por estos pagos, se comenzaría a conocer como la Ciudad Rosa. Porque ante la visita del marido de la reina Victoria, el marajá de turno quiso impresionar a su huésped ordenando pintar la ciudad entera de este color, símbolo aquí de la hospitalidad. Hoy, bajo pena de multa, sigue siendo obligatorio.

De un rosa desleído que tira al terracota lucen, pues, desde las fachadas de las barriadas, sobrevoladas en las azoteas por enjambres de cables y monos, hasta el exquisito Haua Majal o palacio de los Vientos, un edificio con forma de cola de pavo real y cientos de ventanitas desde las cuales las mujeres del harén disfrutaban de los desfiles sin ser vistas. Desde lo más alto se avista una panorámica de impresión sobre el complejo de jardines, pabellones y patios del palacio de la Ciudad y el Yantar Mantar, el mejor conservado de los cinco observatorios astronómicos que Yai Singh se hizo construir a lo ancho de su imperio para predecir eclipses y escudriñar constelaciones.

Fuera de sus altísimas murallas, por supuesto también rosas, hay más palacios, algunos reconvertidos en hoteles de una pompa delirante. Como el Jai Mahal, donde se alojaban los primeros ministros en los días en que los marajás gobernaban el Rajastán, o el Rambagh, residencia del último soberano de Jaipur y su reina, la maharaní Gayatri Devi, socialité habitual de Montecarlo y una de las mujeres más bellas de su época según la revista Vogue. Tras la independencia de India, en 1947, tanto ellos como sus dignatarios fueron perdiendo privilegios. Al quedar del todo abolidos por Indira Gandhi, muchos, sea para seguir siendo ricos o para llegar a fin de mes, alquilaron sus mansiones a quien pudiera pagarlas. Algo así como el gatopardiano “que todo cambie para que todo siga igual”. 

Más a las afueras se alza el palacio del Agua o Yal Mahal, con sus cúpulas posadas sobre uno de los lagos en el camino hacia Amber, el fuerte en las montañas hasta el que las hordas de visitantes ascienden a lomos de elefantes. Con sus salas de audiencias y su halo de las mil y una noches, el lugar es espectacular, pero lo es más aún el pulso de la calle. No hace falta ni coincidir con festivales como el Holi o los que reúnen en procesión a las muchedumbres para rememorar los amores de Shiva y Parvati. Al igual que en todo ese tarro de las esencias que es Rajastán –la Andalucía de India a decir del escritor Javier Moro–, un día cualquiera en Jaipur basta para comprobar que aquí rigen otras lógicas. 

En la ciudad abundan los templos y los palacios, algunos de estos reconvertidos en hoteles que mantienen la pompa de los tiempos de los marajás

Los mostachos de sus hombres siguen encarnando la virilidad, como en los tiempos de los clanes guerreros rajput, aunque ahora esos hombres vuelen en moto rumbo a la oficina o aplaudan a rabiar los éxitos de Bollywood en cines atestados como el emblemático Raj Mandir. En las aceras, a la sombra de un árbol o una tapia, hay todavía quien se gana unas rupias ofreciéndose a limpiarles las orejas a los viandantes o a cortarles el pelo en plena calle.

En los atestados bazares (Chandpole, Yojari, Tripolia…) se regatea a muerte, sea para hacerse con un botín de piedras preciosas, repujadas joyas de oro y plata o metros de sedas para los saris, sea por una baratija del dios elefante Ganesh, el dios mono Hanuman o por el último cachivache para la casa, de un kitsch inenarrable, y siempre de rabioso color.

Datos prácticos

VUELOS. Sólo hay directo desde Madrid: Air India (Airindia.in) opera tres conexiones semanales con Delhi, a partir de 509 € ida y vuelta.

DOCUMENTACIÓN. Pasaporte con al menos seis meses de vigencia y visado, que puede tramitarse en Indianvisaonline.gov.in. En Barcelona, también en el centro consular, en Sardenya, 229.

MONEDA. Un euro equivale a unas 80 rupias. Las principales tarjetas de crédito se aceptan en establecimientos de categoría internacional y permiten sacar efectivo en cajeros. 

MEJOR ÉPOCA. Entre octubre y marzo el clima es más fresco y se celebran muchos festivales.

ALOJAMIENTO. Oferta para todos los bolsillos, incluidos palacios y mansiones históricas o havelis reciclados en hotel (Heritagehotelsofindia.com), más los recorridos por el Rajastán del Maharaja’s Express (The-maharajas.com), el tren hotel más lujoso del subcontinente, con el que iniciarse de una forma suave en este país no apto para todas las sensibilidades. Permite visitar con sus guías, además de Jaipur, Jodhpur, Udaipur y Bikaner o hacer un safari en busca de tigres por el parque nacional de Ranthambore.

MÁS INFORMACIÓN
Incredibleindia.org
Tourism.rajasthan.gov.in