Kit Harington "Hay una parte que no quiero mostrar"

Sin demasiados planes para la vida post-Juego de tronos y lidiando con el poso que dejan casi diez años de guiones, secretos y escrutinio global, el actor Kit Harington mantiene su vínculo con los perfumes The One, de Dolce & Gabbana

Suena el móvil y es Jon Nieve. Perdón, Kit Harington, llamando desde Nueva York, que parece estar bastante al norte del Muro. Su acento es más británico que el de su personaje y su voz llega algo cansada, con el discurso pausado de quien piensa lo que dice para revelar lo justo. Después de la entrevista se haría público que el actor se aislaba en un centro de rehabilitación de Connecticut (EE.UU.) para practicar meditación, combatir el estrés y trabajar asuntos personales, lo que su representante llama “un retiro de bienestar” (parece que ya le han dado el alta). Quizá por eso decía que, en ese momento, su idea de felicidad era pasear “por la campiña”.
Conforme aumentaba su protagonismo en Juego de tronos, la serie que ha marcado su vida, la carga de la responsabilidad y la sobreexposición se hacían más difícil de llevar sobre los hombros que su pesada capa de 15 kilos. El agotamiento de los largos rodajes nocturnos, la sensación de pérdida y cierto vacío emocional que sigue al cierre de una exitosa etapa pasan factura a unos actores que han crecido y evolucionado en público.
A sus 32 años, Kit Harington (Londres, 1986) ha pasado casi una década en boca de todos. Vivió, murió, resucitó, se convirtió en héroe, mató… y todo sin poder cortarse el pelo (recortar melena y barba fue de las primeras cosas que hizo cuando acabó de rodar). Vimos su reacción al leer las últimas páginas del guión, sus lágrimas cuando dejó de empuñar la espada. Explicó que se había sentido vulnerable en pleno éxito, que había ido a terapia, como Sophie Turner. Compartían ansiedad y bajón.

“Tiendo a no tener planes demasiado sólidos porque, si los tienes, pueden fallar y, si los cuentas, todo el mundo sabrá que han fallado”

Por eso no extraña que pase de las redes sociales y reivindique su privacidad: “Es una elección. He escogido no tener redes sociales porque hay una parte de mí que no quiero mostrar. Doy bastante de mí mismo en las promociones, en entrevistas. Comparto muchísimas más cosas de las que la gente suele compartir por su trabajo. Personalmente, no puedo entender  por qué hay que ir más lejos y enseñarlo todo”, declara al Magazine.
¿Y si al final, como algunos pesimistas auguran, el número de seguidores cuenta a la hora de conseguir un papel? “Pues perfecto –dice–. Si no saben los seguidores que hipotéticamente tendría no podrán contarlos ¿no? Así no corro el riesgo de tener menos seguidores que otro y que le den a él el trabajo”, comenta con ironía británica. También tira de sentido del humor cuando descubre quién es su héroe, “sir Alex Ferguson”, la leyenda del Manchester United, dice. Y no, jura que no fue él quien se hizo con el último chicle que mascó en su banquillo y subastado por medio millón de euros.
Asegura que no tiene un plan para la vida sin Juego de tronos: “Tiendo a no tener planes demasiado sólidos porque, si los tienes, pueden fallar y, si los cuentas, todo el mundo se dará cuenta de que han fallado”, afirma. Y deja clara una cosa: “Si tuviera planes serían secretos. Durante la serie he aprendido a guardarlos bastante bien”.
Con el fin del rodaje aún fresco aseguraba “empezar a echar un poco de menos a Jon”, aunque apostillaba que “no lo volveré a interpretar, no quiero copiarlo o transformarlo en otra cosa”. Susurra que se quedó sus guantes y que le hubiera gustado quedarse algo más “supongo que muchas cosas irán a parar a un museo o algo así”.
Y ¿cómo es Harington? “Bajito, peludo, sufridor…”. Dicen otros que amante de la broma, aunque al otro lado del teléfono suene serio al recordar su frase favorita en la serie, cuando Nieve vuelve de la muerte y refiere su experiencia: “No había nada”. Si ha de escoger un episodio se queda con el octavo de la quinta temporada, Casa Austera. Allí había batalla, claro. En la vida real lucharía por causas más terrenales “la privacidad y la gente joven”, asegura.

Con carisma

“Me gusta que una fragancia se distinga, pero que no sea demasiado intensa ni invada territorios ajenos”, comenta Kit Harington. Su primera memoria de un perfume “es intentar hacer uno para mi madre con las rosas de su jardín; las corté, machaqué e hice una especie de pócima. Cuando se lo di parecía estar agradecida, pero creo que le preocupaba más cómo le había dejado el rosal”, señala. De la fragancia The One Grey le gusta “su equilibrio, que sea clásica y sofisticada. Me siento bien con ella. Llevar perfume no te hace más poderoso pero diría que da confianza”.
The One Grey, 100 ml, 96,50 €. Dolce & Gabbana.