Masculinidad en tiempos líquidos

No sólo las mujeres viven su revolución (quizás ésta influya), la masculinidad también ha cambiado. Y ni la moda, el cine u otros creadores de iconos generan un nuevo modelo claro. El hombre actual es un caleidoscopio de opciones.

Modelo de Z Zegna (Carlos González Armesto)

Espejito, espejito, tú que ves tantas imágenes, ¿cómo es la que refleja ahora el hombre? El espejo maldice el genérico, repasa su catálogo de héroes, príncipes y gente corriente, se conecta con su amiga Siri, googlean, devoran bases de datos, exploran algoritmos y lanzan el mensaje definitivo: Error-XY.

Los hombres llevan un siglo (por no ir más atrás) intentando encajar en la tribu o sacudirse estereotipos. Pero se han quedado sin un modelo claro que administrar: la masculinidad no es sólo lo que era. La moda tiene manga ancha para que cada uno se vista como le dé la gana; el cine ya no proyecta un héroe monolítico ni un seductor infalible, y hasta las populares series esperan que acabe Juego de tronos para ver por dónde tiran unos personajes masculinos que, “después de años de esplendor, ahora van a remolque de las mujeres”, como señala el crítico televisivo Toni de la Torre.

“Se ven masculinidades alternativas, grandes padres... Actitudes tóxicas y comportamientos más positivos e inclusivos. Los hombres son más eclécticos y contradictorios”, dice un experto

Si hay algo en lo que todos los especialistas consultados coinciden, es en que el nuevo hombre es complejo. Más poliédrico y vulnerable. Con más opciones. Ponerle cara es difícil. Se podría intentar con Christian Bale, el actor que a sus 45 años ha sido un yuppy estiloso de cuerpo perfecto en American Psycho (2000), un neurótico esquelético en El maquinista (2004), un héroe introvertido y musculoso en sus dos entregas de Batman, un timador con sobrepeso (tuvo que engordar veinte kilos) en La gran estafa americana (2013) o un vicepresidente calvo con papada en El vicio del poder (2018).

Como el Zelig de Woody Allen, el hombre de hoy puede adaptarse a cualquier imagen y circunstancia física y mental sin dar la nota. Los millennials, acostumbrados a ver la vida a través de filtros de Instagram y a tunearse o editarse lo que haga falta, tienen claro que esto es algo cambiante. Una autopista de varios carriles con hombres híbridos conduciendo coches híbridos.

“No hay un patrón único, y ni la literatura ni el cine exportan modelos claros, aunque sí se ven masculinidades alternativas, grandes padres... Conviven personajes y actitudes tóxicas con comportamientos más positivos e inclusivos. Los hombres son más eclécticos y contradictorios. Cada vez hay más pluralidad en su imagen, y los jóvenes ya han normalizado la homosexualidad, la bisexualidad y el transgénero; pero, paralelamente, hay un cierto retroceso global, también en España –y países que no han evolucionado lo más mínimo–, y el modelo hegemónico tradicional de hombre blanco dominante y heterosexual sigue ahí. Hay una tensión constante”, reflexiona José M.ª Armengol, profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha y coordinador de un proyecto europeo de investigación sobre masculinidad y envejecimiento en el cine y la literatura contemporáneas.

De Valentino a Kurt Cobain
No siempre fue así. En los años veinte del siglo pasado, un latin lover era un latin lover y poco más. Rodolfo Valentino volvía locas a las mujeres, lo que llevó a más de un suicidio cuando murió en 1926, a los 31 años, dejando un bonito cadáver. Los hombres de la época nunca entendieron la seducción de un actor que, a su entender, se cuidaba demasiado. “A los hombres todavía les cuesta mucho reconocer el atractivo en otros hombres. Se encuentran más cómodos reconociendo méritos o éxito en un entorno social siempre que no entren en polémica”, apunta Santiado Mollinedo, director general de Personality Media, empresa especializada en asesorar a las compañías que buscan invertir en un embajador de su marca.

El cine, instalado en el imaginario de galanes, gángsters, bonachones y héroes de guerra, siguió marcando la pauta de la imagen masculina hasta los sesenta, cuando el rock entró en el baile. Por allí pasaron Clark Gable y su bigote, el afable James Stewart, Humphrey Bogart con su gabardina, Cary Grant con un esmoquin y un Gary Cooper que en plena guerra fría no tenía miedo de quedarse Solo ante el peligro (1952).

La lista de prototipos en los que el hombre podía reflejarse sin fisuras sería interminable. Sus vidas, libres del escrutinio de millones de microscopios en red, iban siempre a juego con su imagen, de eso ya se encargaban los todopoderosos estudios cinematográficos, que hasta casaron a Rock Hudson con su secretaria.

El compás de los cambios en la imagen masculina se aceleró con el corte de pelo de los Beatles, el imperio de los vaqueros, el pijerío obrero de los mods con sus Vespas, la psicodelia, la moda hippy –mucho más igualitaria que el agender de ahora–, el cabreo nihilista de los punks y sus pinchos, el glam de David Bowie o el grunge de Kurt Cobain, con esas camisas de leñador que luego serían también uniforme de los hipsters. Una banda sonora de distintas actitudes y tribus que a menudo se odiaban entre sí. Pero que tenían clarísimo lo que querían ser y lo que no.

Gol de Beckham
David Beckham es un tío listo. Como futbolista tuvo una carrera larga y exitosa, pero como referente estético se ha convertido en una empresa, incluso ha lanzado su marca cosmética de la mano de un gigante como L’Oréal Luxe. Él solito, con sus cortes de pelo y sus tatuajes, dio sentido a la etiqueta de metrosexual, la única que ha sobrevivido entre la avalancha de definiciones más o menos ocurrentes, pero todas efímeras, que se intentaban colgar a la masculinidad cada seis meses.

Muchos hombres querían ser como Beckham, y se dispararon las cifras del merchandising. Hoy, con perspectiva, se le podría echar la culpa de tantos peinados imposibles que aún se ven en los estadios de fútbol. Los deportistas, también millonarios precoces, tomaron el relevo de los rockeros. Y ahí siguen.

“En España, los personajes masculinos más conocidos y mejor valorados por los hombres son Pau Gasol y Rafael Nadal (8,1), Andrés Iniesta (8), Marc Márquez (7,8) y Joaquín Sánchez (7,7). El éxito profesional muy prolongado en el tiempo es lo que despierta mayor admiración y, en el caso del futbolista del Betis, que aparece por primera vez en la lista, suma un humor que empatiza mucho con ellos”, afirma el director general de Personality Media, firma que realiza regularmente este ranking de celebridades. Cuando se añade al parámetro la capacidad de marcar tendencia y atractivo, Nadal sigue el primero, pero en la lista se cuelan el actor Miguel Ángel Silvestre, el músico Pablo Alborán y el presentador Jesús Vázquez.

Entonces llegó Dior
En cuestión de estilo, el hombre es bastante andrógino, tiene aún alma rockera, devoción por el negro y, lo más importante, desde el 2001 cayó rendido ante una nueva silueta ajustada que conquistó su armario. El slim llegó para quedarse. El responsable fue Hedi Slimane y su obra maestra: los skinny jeans negros. Al frente de Dior Homme, consiguió que el mismísimo Karl Lagerfeld, recientemente fallecido, adelgazase entonces lo suyo para poder ponerse uno de sus cotizados trajes.

“Como propuesta de un creador, el slim ha sido el último gran cambio de la moda masculina”, señala el diseñador Juan Avellaneda. “Abriendo el foco, la gran revolución ha sido la incursión –casi diría obsesión– del street, que ha provocado que incluso las grandes firmas de sastrería incorporaran sneakers en sus diseños”, puntualiza.

¿Qué imagen del hombre proyecta hoy la moda? Para Avellaneda, “una más próxima, más deportiva, más cómoda y menos pomposa. Hay menos protocolo, menos formalidad. Incluso el lujo y los más elegantes intentan que nada sea pretencioso y todo parezca fácil de llevar”.

Objetos de deseo
“Se buscan modelos guapos, con personalidad, pero también al feo guapo, al diferente. Importa que sean creíbles, menos dioses y más reales”, explica Fernando Merino, director de Uno Models Madrid. “Hoy va todo muy rápido, pero la imagen que se busca no ha cambiado tanto. Aunque hay tantas referencias y escenarios, que se trata de destacar para no quedar difuminado”, dice.

La publicidad, experta en mensajes cortos, suele reforzar estereotipos: “La masculinidad está cambiando y es más compleja: ya no existe un único modelo ni una sola definición. La nueva masculinidad se está formando y es individualista. Esa es la imagen que proyecta. Muestra a un hombre seductor, pero también inseguro; independiente, pero a la vez gregario; sensible y tierno, pero fuerte y decidido. Esto es lo mejor del cambio cultural que vivimos, que cada uno tiene libertad para ser como quiere ser”, opina Amaya Coronado, consejera delegada de la agencia LOLA MullenLowe España.

El cuerpo del hombre hace tiempo que se exhibe sin complejos. “La publicidad de los calzoncillos Calvin Klein en los años noventa con Mark Wahlberg ya exploró una ­cosificación masculina que ha ido a más. En vez de romper con la femenina se ha sumado”, apunta el profesor Armengol. “Hay más diversidad, pero el ­modelo dominante que vende sigue siendo un hombre joven, con el cuerpo muscula­do e hipersexualizado”, añade.

El callejón del Gato
¿Espejos cóncavos que deforman la realidad o un reflejo exacto de lo que piensa el aún hegemónico macho alfa? No tocaba aquí hablar de violencia de género ni de letras de raperos que desprecian a la mujer, pero ahí están. El reciente anuncio de Gillette sobre la masculinidad tóxica tiene millones de visualizaciones, pero casi impacta más por los comentarios en contra que por lo que muestra. “El hombre se define ahora por oposición. El vídeo ha provocado un rechazo brutal entre los hombres a los que iba dirigido, se han identificado con ‘los malos’ y no les gusta lo que ven. Proponer a hombres respetuosos y asertivos como modelo es valiente y rompedor, y su recepción, interesante y triste”, dice Armengol.

¿Qué decir a un hombre que quiera encajar en esta sociedad líquida?. Ahí está Bruce Lee mirando a cámara en su última entrevista: “No te establezcas en una forma, adáptala y construye la tuya propia. Déjala crecer, ser como el agua. Be water, my friend”.

Todo empezó con Tony (Soprano)

“Ahora el centro de atención y el punto de vista es de las mujeres, pero ha habido 10 años de grandes series televisivas que han cambiado la imagen del hombre, mostrando una visión compleja, nada simplista, de la masculinidad”, comenta Toni de la Torre, autor de varios libros sobre series.

Los Soprano marcaron el punto de inflexión. “Tony Soprano tenía su referente en Gary Cooper. Era un mafioso obligado al silencio, que no podía mostrar debilidades. Le daba vergüenza ir a terapia, pero se abría ante una psiquiatra, mujer y poderosa. Las escenas de Tony Soprano contemplando los patos de la piscina mostraban una sensibilidad hasta entonces no vista en un gángster”, señala De la Torre.

Walter White, de Breaking Bad, es otro personaje interesante. “Era más bien un pelele en su casa, un hombre con el que nadie querría identificarse. Con su transformación se vuelve más arquetípico y logra que el espectador masculino empatice más con él, pero no pierde sus matices”, apunta el experto.

Don Draper, don estiloso, sería el reverso de Tony Soprano. Un creativo seductor y elegante, que proyecta una imagen de triunfador. “El hombre que cae en la carátula de Mad Men es una metáfora que contradice ese éxito aparente”, descubre De la Torre. “Don tiene conflictos emocionales profundos y su pretendida perfección oculta que arrastra cargas de la infancia que lo lastran. No es feliz. Por fuera es una cosa, por dentro otra”, dice.

¿Tyrion o Jon Nieve? “La fuerza del primero reside en la inteligencia; el segundo es un héroe clásico, y los dos tienen en común haber sido rechazados por sus familias. En las últimas temporadas de Juego de tronos el peso de esa no aceptación queda más diluido, será interesante ver cómo reciben a Jon los Stark”, añade.

Y ¿después de Juego de tronos, qué? Cambio de ciclo, menos consenso en la serie que se ha de ver y reparto de juego. La unanimidad, como la visión única del hombre, parece que ha muerto.