El peso de ser gordo como estigma

Más de la mitad de la población española desborda el peso ideal. En una sociedad marcada por el culto a la figura perfecta y por el estilo de vida fit, a los cuerpos con sobrepeso –ellos prefieren el término gordo a obeso– se les niega el derecho a sentirse bellos, saludables y productivos. ¿Cómo viven, en lo más íntimo, su situación?

Carmen G. Megía siente recelo cada vez que sale a la calle. Esta valenciana de 32 años es administradora de la página STOP Gordofobia. Para ella, los miedos tienen forma de insulto y puede encontrárselos en cualquier esquina. Recuerda la vez en que un coro de hombres le escupió “gorda puta” desde el anonimato que ofrece gritar desde el coche. Hay quienes creen que sus formas, por exceder los parámetros de lo que la norma indica como bello, merecen repudio. “Cuando vivo esas situaciones, llego a casa ansiosa y con ganas de comer –dice–. No hay nada peor que la gordofobia para la salud”.

Nina Navajas Pertegás, investigadora experta en el estigma de la gordura del Institut Universitari d’Estudis de la Dona de la Universitat de València (UV), señala que “la evidencia científica confirma que la discriminación tiene efectos negativos en la salud de las personas y empeora sus condiciones de vida y, en cambio, al sentirse seguras y aceptadas, viven mejor y más tiempo”. 

En su adolescencia, la sensación de rechazo no permitía que para Carmen G. Megía el salir de fiesta pudiera significar eso: una fiesta. Mientras las discotecas regalan a las figuras esbeltas entradas gratis o descuentos, para ella fueron escenario de hostilidades. “Me insultaban, mi autoestima estaba fatal –recuerda–; decidí no salir más, prefiero resguardarme en un círculo en el que confío”. 

Beatriz Romero Llano, de la página de moda de tallas grandes Weloversize, explica que las miradas reprobatorias se interiorizan y “nos hacen sentir vergüenza y escondernos”. La violencia “no sólo es directa, sino simbólica”, asegura Navajas Pertegás. “Que no haya ropa para ti en una tienda o que no quepas en el asiento del transporte te excluye –sostiene– e incluso la persona afectada llega a normalizarlo”.

Cuerpos invisibles

La Encuesta Nacional de Salud de España del 2017 afirma que “más de la mitad (54,5%) de los adultos tiene exceso de peso”. Sin embargo, la investigadora de la UV indica que en publicidad, estas personas sólo aparecen para promocionar productos para adelgazar; en la prensa, de forma sensacionalista –muchas veces de espaldas y con la cabeza cortada– y en las películas y series, ocupando roles estereotipados. 

Nicolás Cuello es activista, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina y coautor del libro Cuerpos sin patrones. Resistencias desde las geografías desmesuradas de la carne (Madreselva). Para él, “las personas gordas somos socialmente objeto de burla, afectiva y sexualmente ignoradas y culturalmente silenciadas en términos de representación”. 

“Las personas nos miran y piensan que estamos enfermos. Pero ¿qué es la gordura como enfermedad? Nadie sabe responder”, afirma Nicolás Cuello

Cada vez son más frecuentes las campañas de moda body positive. “Las marcas se han dado cuenta de que hay un mercado que no cubren”, indica la oscense experta en marketing online Mary Carmen Bozal. “Pero sólo buscan cumplir con ciertas cuotas de diversidad –matiza Romero, de Weloversize–, aunque sí ayudan a visibilizar”.

Las grandes medidas tampoco se reflejan en los percheros y maniquíes. Los datos del Instituto de Biomecánica de València revelan que el 40% de las mujeres y el 60% de los hombres españoles tiene problemas para encontrar su talla. Desde Weloversize entienden que “la ropa forma parte de un lenguaje. Te enseñan que hay prendas que no son para ti”.

El mandato de la talla estrecha no sólo afecta a mujeres. “Si bien es mayor la presión en mujeres –dice Carmen G. Megía–, los hombres también sufren cuando no cumplen con los cánones, hiere su masculinidad”. 

El psicólogo Fernando Fernández-Aranda, coordinador de la unidad de trastornos de la alimentación del hospital barcelonés de Bellvitge y jefe del grupo de investigación sobre obesidad y nutrición Ciberobn, sostiene que los estereotipos de belleza influyen en el desarrollo de desórdenes alimentarios como la anorexia, la bulimia o el trastorno por atracón, que pueden iniciarse a partir de una dieta repetida, sobre todo en la población más vulnerable de mujeres adolescentes. 

Para Carmen G. Megía, “la cultura de la delgadez es evidente, la idea de que la delgadez te va a salvar. Es como si tu felicidad dependiera de tu talla”. 

El tamaño como barrera

Tanto Weloversize –con 600.000 visitas al mes, 192.000 seguidores en Instagram y 164.000 en Facebook– como STOP Gordofobia –con más de 73.000 seguidores en Facebook– ofrecen espacios donde se comparten experiencias de rechazo que ayudan a entender cómo la gordura veta oportunidades y espacios sociales.

Las redes sociales replican lo que sucede en la calle. “Si bien son una herramienta de activismo, el anonimato hace que sea más fácil insultar”, dice la bloguera Mary Carmen Bozal. Romero Llano, de Weloversize, afirma que “una persona gorda segura de sí misma molesta; al subir una foto se la critica”.

El Estudio de Percepción de la Discriminación elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en 2016 revelaba que de la población que se había sentido discriminada ese último año por su aspecto físico, el 42,4% fue en el ámbito laboral, el 36,1% en la calle y el trato con otra gente y el 24,6% en tiendas, locales de ocio, bares y similares. 

“¿No ha visto que se pedía buena presencia?” le preguntaron a la periodista especializada en marketing online Mary Carmen Bozal en una entrevista de trabajo. Ella había ido maquillada, bien vestida. Lo que molestaba era su tamaño. Navajas Pertegás afirma que la gordofobia se verifica “en procesos de selección de muchas profesiones, incluso muy cualificadas, aunque mayormente en el tercer sector (tiendas, comercios, discotecas...), donde más se exige la llamada buena imagen”. Eso profundiza la estratificación social a partir del aspecto físico. “El acceso que tenemos las personas gordas al trabajo es muy precarizado –afirma el investigador Nicolás Cuello–, la discriminación laboral nos empuja frecuentemente a la pobreza”. 

A Bozal la gordofobia también se le presentó de bata blanca. A los 16 años, un ginecólogo la recibió con la pregunta “¿qué enfermedades, además de la evidente?”. Luego dijo que no sabía si iba a poder revisarla “con esa acumulación de grasa”. Cuando se quedó embarazada, un médico empañó la ilusión con la que fue a su primera consulta al decirle que era una imprudencia estar embarazada con su peso.

Cuello sostiene que las personas gordas no acceden a una atención médica digna porque “cualquier dolencia que padecemos se responde a través de la dieta, se reduce toda nuestra experiencia al tamaño de nuestro cuerpo”. Navajas Pertegás coincide en que “el prejuicio profesional provoca sesgos a la hora de diagnosticar, tratar y relacionarse con pacientes gordos”. En los relatos de las mujeres entrevistadas para sus investigaciones, se reiteran casos en que “la mirada médica estaba centrada en la gordura, dejando de lado otras cosas”, como una joven a la que tardaron ocho meses en diagnosticarle una rotura de menisco. 

¿Qué es la gordura?

La catalogación de ciertos cuerpos como “normales”, “con sobrepeso” u “obesos” se suele determinar en función del Índice de Masa Corporal (IMC), una fórmula matemática entre peso y altura que indica cuán lejos o cerca se está del peso  ideal. Cuello recuerda que el IMC “ha fluctuado históricamente, cuerpos que hoy se consideran como obesos o enfermos hace 30 años no lo eran”. 

“Como soy obesa, ya está puesta la etiqueta de enferma, tienes algo que hay que sanar –dice Megía–. No negamos que la gordura pueda ser un riesgo para la salud, pero reivindicamos la diversidad corporal”. 

Activistas y expertos coinciden en que el discurso del amor propio desplaza sobre los cuerpos gordos toda la responsabilidad de sentirse bien consigo mismos

“Sí, existe una preocupación excesiva por moldear el cuerpo a parámetros que no son reales y hemos de abogar por modelos que no sólo sean tallas 36”, ­admite Fernández Aranda,
pero él subraya que “cuando hay una obesidad o un sobrepeso debe tratarse; no por razones estéticas, sino de salud”. 

Para la Organización Mundial de la Salud, “la obesidad ha alcanzado proporciones epidémicas”. Además de 2,8 millones de muertes al año, le atribuye diabetes, cardiopatía y cáncer. De esta sentencia se desprende una “guerra contra la obesidad”, con el objetivo de corregir hábitos individuales, según Navajas Pertegás. En España, se traduce en la Estrategia NAOS (Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad), que fomenta “estilos de vida saludables y activos”.

Para Nicolás Cuello, la “denominación patologizante” de la gordura refuerza el estigma social. “Las personas nos miran y piensan que estamos enfermos. Pero, ¿qué es la gordura como enfermedad? Nadie sabe responder –sostiene–. Sólo  saben decir que implica la cancelación de un futuro porque es la causa de otras enfermedades que, en verdad, también pueden sufrir las personas delgadas”. 

La idea de que la gordura es algo que solucionar y que la fórmula para hacerlo es adoptar estilos de vida saludables refuerza la creencia del tamaño como una elección “de cada uno como empresario de su propio cuerpo”, alerta Navajas Pertegás.  “Se presupone que estamos gordos porque queremos, porque comemos todo el día y no tenemos fuerza de voluntad”, indica Romero. Así, se imprimen rasgos identitarios negativos, “mientras que la delgadez se asocia al esfuerzo y el autocontrol”, dice Bozal. 

Fernández-Aranda apunta que “en absoluto tiene que ver con el estereotipo de que quien está gordo o obeso es porque quiere: sería muy simplista, hay muchos factores del entorno, como también individuales, constitucionales y biológicos”. 

La realidad es que el acceso al estilo de vida fit para muchos no es una cuestión de voluntad. Navajas Pertegás cree que el mandato de adoptar estos hábitos “tiene un componente elitista: son caros y requieren tiempo, ¿quiénes pueden dedicárselo?”. 

En efecto, la gordura lleva inscrito un mapa de desigualdad social. La Encuesta Nacional de Salud del 2017 muestra que las cifras de sobrepeso en adultos y niños aumentan en las clases más bajas. 

Mónica Montserrat Gil de Bernabé, coordinadora del equipo de dietistas y nutricionistas del hospital de Bellvitge, señala que “los bajos recursos parecieran inducir un exceso de peso, un estilo de vida sedentario y malos hábitos alimentarios como comidas rápidas, abuso de alimentos procesados y desorden en los horarios”.

No es algo personal

Frente a la fobia social a la gordura, “se promueve la idea de que la fórmula está en ti, en que tú te quieras y que eso te inocula contra los prejuicios –afirma Nina Navajas-Pertegás–, pero resulta difícil cuando todas tus referencias culturales te indican que eres despreciable”. 

Y Cuello coincide en que  “empujar la responsabilidad de la opresión a los cuerpos oprimidos, porque supuestamente fallan en amarse, es reproducir ese sistema”. Él opina que, si bien es positivo que circulen imágenes que fomenten la diversidad corporal, el discurso del amor propio obvia el daño que se aplica sobre los cuerpos que escapan a la norma, para depositar en ellos la responsabilidad de sentirse bien consigo mismos.

“Da bronca que por no tener un cuerpo normativo tengamos que hacer nosotros el esfuerzo de empoderarnos –dice Romero Llano– Por muy segura que te sientas, si encuentras hostilidad y rechazo te va a afectar. Pero el trabajo personal nunca está de más, porque es hacer estallar el tema desde ti”.