Pistas tecnológicas para el 2018

El escaparate tecnológico del nuevo año ofrecerá alternativas para hacernos la vida más fácil, pero sin apoderarse de ella. Ya asoman mejoras en la conducción inteligente de vehículos, en entornos de realidad virtual, en biometría y en la protección de datos de nuestros dispositivos. La inteligencia artificial se irá humanizando, pero todavía distará mucho de ser humana.

Un grupo de robots camina por las calles atestadas de cualquier gran ciudad, mezclados entre la gente como unos transeúntes más. Es una de las escenas futuristas asentadas en el imaginario colectivo gracias al cine que pueden venir a la cabeza al hablar de inteligencia artificial (IA). Pero en los últimos años, de una forma mucho menos visible, menos cinematográfica, la inteligencia artificial ya ha ido introduciéndose en el día a día de la gente.

“En todos los sectores económicos ha existido cierta paranoia alrededor de la posibilidad de que los sistemas de IA nos acaben sustituyendo y dejándonos sin trabajo”, explica el analista tecnológico Josep Lluís Micó, que en realidad dibuja otro escenario. “Yo creo que durante los próximos años irá quedando más claro que la tecnología nos complementará y no nos sustituirá: que tendremos asistentes supercompetentes, pero la persona seguirá en el centro”, asegura.

La clave estaría en que por mucho que se haya avanzado durante los últimos años en el campo de la inteligencia artificial se trata de avances parciales. “Claro que hay una máquina que te derrota jugando al ajedrez, claro que hay una máquina con una capacidad de procesamiento de datos muy superior... pero no hay una inteligencia total que aúne todas esas habilidades”, argumenta Micó. Por eso serán asistentes, pero no reemplazarán al ser humano. 

La consultora Accenture prevé una “humanización” de la tecnología, según señala en su informe Technology Vision 2017, “a medida que la tecnología reduce la distancia para la cooperación efectiva entre humanos y máquinas, tener en cuenta la singular conducta humana –a la hora de dar forma a una nueva experiencia digital–incrementa la calidad de la experiencia”. Los retos que plantea continuar reduciendo esa distancia al mínimo son muchos.

La biometría aplicada a la identificación no se limita al ámbito del móvil. El control de seguridad en aeropuertos o el acceso a centros de trabajo o deportivos se normalizará

Sirve de ejemplo otra idea también alimentada desde la ciencia ficción: la de un futuro en el que se interactúe con las maquinas y con los diferentes dispositivos por voz (con el automóvil, los electrodomésticos...). Y mantener así conversaciones auténticas similares a las que tenemos entre humanos. 

Este escenario estaría todavía muy lejos, si es que algún día llega. Así lo aseguran desde el grupo de investigación Specs (Synthetic Perceptive, Emotive and Cognitive Systems), un equipo de más de veinte investigadores –liderados por el profesor Paul Verschure– que trabaja con robots para estudiar el cerebro humano.

“Conseguir una interacción con las máquinas similar a la que mantienen los humanos entre ellos será posible en cuestión de décadas, entre otras cosas porque todavía queda mucho por entender sobre las bases del aprendizaje y el uso del lenguaje en el cerebro humano”, explican. “Además, se trata sobre todo de una idea alimentada desde la ciencia ficción, pues hay otras formas más eficaces de interactuar con las máquinas: por ejemplo, a través de gestos”. 

Los asistentes en los que continúan trabajando firmas como Apple, Google o Microsoft han adquirido nuevas habilidades, se han vuelto más inteligentes y seguirán incorporando novedades que persiguen hacer la vida más fácil a los usuarios. Otras innovaciones, como los sistemas de conducción inteligente que aportan medidas de seguridad a los vehículos o traductores simultáneos más eficientes, seguirán extendiéndose en el 2018.

Experiencias más inmersivas con menos intermediación
Otra de las tendencias a las que apuntan los expertos es la de avanzar hacia experiencias más inmersivas. Tecnologías como la realidad virtual o la realidad aumentada –que fusiona la imagen real del entorno físico con información digital– apuntan en esa dirección, pero tienen todavía obstáculos que salvar.

 “Cuando la intermediación de una tecnología es tan evidente que sólo grandes usuarios o usuarios más avanzados pueden disfrutar de ella... Eso nos hace ver que la tecnología está todavía algo verde. Cuando esta se vuelve más accesible y se integra de tal modo que pasa a un segundo plano, ha alcanzado su punto de madurez”, explica Micó, catedrático en la facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales Blanquerna. 

La realidad virtual y la realidad aumentada –a cuya popularidad ayudó Pokémon Go– seguirán madurando en el 2018. Google anunció hace unos meses Google Lens, sistema que combina la inteligencia artificial con la potencia del buscador y con la imagen captada por la cámara del móvil para ofrecer información al momento sobre lo que el usuario está viendo. A finales de año llegó a sus Google Pixel –móviles de alta gama desarrollados por la compañía– y en los próximos meses proseguirá su extensión entre los terminales Android. 

El éxito que tenga en su implantación, la fluidez con que se integre –eliminando la sensación de intermediación–, puede contribuir a la expansión de la realidad aumentada a otros ámbitos.

El punto óptimo de madurez lo alcanzará cuando su aplicación haga posible que un grupo de alumnos en una escuela entienda mejor el funcionamiento del aparato digestivo o un museo destinado a públicos amplios permita disfrutar de una determinada experiencia –de algo que no podrías disfrutar sin esa tecnología– de forma sencilla, desarrolla Micó. “Con la tecnología pasando inadvertida, propiciando la experiencia casi sin darse cuenta”.

Biometría, el cuerpo es la clave
Si cada vez es más común que hasta los terminales de gama media –o incluso baja– se puedan desbloquear con la huella dactilar, la apuesta por la biometría continuará desplegándose este año impulsada por nuevos modelos que se sumen a la autenticación a través del rostro. 

El año pasado, algunos de los mejores smartphones incorporaron un sistema de desbloqueo a partir del reconocimiento facial. El desarrollado por Apple, que combina la información recibida por la cámara frontal con la que recoge un sistema de infrarrojos, debería ser, por su eficacia, el que tenga más continuidad en el futuro.

El pasado mes de diciembre, el fabricante de procesadores Qualcomm desveló los detalles del chip que llevarán muchos de los Android de gama alta del 2018, el Snapdragon 845. El nuevo chip posibilitará más mejoras en las cámaras –entre ellas, la grabación de vídeo 4K HDR hasta 60 fps–, pero también permitirá extender a más terminales el reconocimiento facial de alta precisión, al ser capaz de procesar hasta 50.000 puntos de un rostro. 

Con mecanismos cada vez más precisos y seguros, la aplicación de la biometría como sistema de identificación no se limita al ámbito de los dispositivos móviles. Controles de seguridad en aeropuertos, controles de acceso a centros de trabajo o instalaciones deportivas continuarán generalizando el uso de esta tecnología.
 

Pagos con tarjeta, con móvil, comercio electrónico, criptomonedas... El dinero físico se ve amenazado desde múltiples flancos. ¿Cuánta vida le queda?

Ciberseguridad, más consciencia del riesgo
Si la información del rostro o la huella dactilar serán la clave con la que se realizarán transacciones o se accederá a información sensible de los usuarios, es fundamental que estos se guarden de forma segura.

Aunque los expertos llevan años advirtiendo a los usuarios de la importancia de tomarse en serio las cuestiones relativas a la seguridad de los dispositivos –portadores de datos personales cruciales–, el 2017 ha ayudado a que su mensaje llegue de forma más clara.

El ransomware Wannacry –software que infecta un ordenador y exige el pago de un rescate para recuperar la información afectada– fue protagonista por secuestrar en mayo los datos de al menos 200.000 ordenadores en más de 150 países.

El Servicio Nacional de Salud británico (NHS, el sistema de salud público del Reino Unido) quedó paralizado por el software malicioso, y grandes empresas como Telefónica o Deutsche Bahn –la principal empresa ferroviaria de Alemania– también se vieron afectadas. Este ciberataque masivo no fue el único que se vivió este año, le siguieron otros brotes: Expetr en junio y Badrabbit en octubre.

Fuera del ámbito empresarial, el 2017 también mostró cómo los conflictos entre países se desplazan en parte al mundo virtual. La supuesta injerencia rusa en diferentes procesos electorales, entre ellos el que llevó a Donald Trump a la presidencia de EE.UU., ha sido uno de los grandes temas de los últimos meses. A una escala más pequeña, a la del usuario doméstico, la imparable digitalización de más y más actividades hace que dispositivos como el móvil registren cada vez más datos personales (direcciones, datos bancarios...). 

Todo ello permite suponer que el desarrollo de sistemas seguros frente a potenciales atacantes será una de las prioridades en el sector de la tecnología a escala de usuarios, de empresas y de estados durante los próximos años.

¿Más cerca del fin del dinero?
Pagos con tarjeta, comercio electrónico, pagos móviles, criptomonedas... El dinero físico se ve amenazado desde múltiples flancos, y los expertos especulan sobre la fecha en la que desaparecerá, milenios después de su invención.

Los pagos con tarjeta y a través de internet no han dejado de crecer año a año, y aunque las cifras señalan que por el momento el pago con el móvil no termina de despegar en España, este crecerá impulsado por la generalización de dispositivos contactless y la tecnología NFC (comunicación inalámbrica) en más móviles. También porque irá ganando adeptos. Un estudio de Samsung Pay realizado en España el pasado año revelaba que un 70% de los españoles conocía la posibilidad de pagar a través del móvil. Del 23% de quienes declararon haberlo usado alguna vez, un 77% aseguraba seguir utilizándolo.

El pasado año también se ha hablado mucho de criptomonedas. La más conocida, bitcoin, vio aumentar su valor hasta máximos históricos y consiguió la aprobación de los reguladores estadounidenses para cotizar en el mercado de futuros de Chicago. Según apuntan los expertos, esta decisión supone un primer paso para considerar el bitcoin un activo financiero más. El hecho de que sus transacciones eliminen intermediarios y no dejen rastro la convierte en un instrumento valioso para actividades ilegales.

Durante los próximos meses se verá si continúan creciendo las criptomonedas y qué pasos se dan desde los estados y desde el sector financiero, donde muchos miran el bitcoin con miedo y otros apuntan a que se trata de una nueva burbuja que terminará estallando.