La siesta, ¿vicio o virtud?

Es recomendable echar la siesta? Esta pregunta sigue generando debate entre sus partidarios y sus detractores. Más allá de quienes la critican aduciendo que es sinónimo de poca laboriosidad, existen numerosos estudios clínicos y profesionales de la medicina que afirman que resulta beneficiosa para la salud. Eso sí, lejos de la siesta de “pijama, padrenuestro y orinal” que defendía el premio Nobel de Literatura, Camilo José Cela. 

El ser humano es de los pocos animales que duerme una sola vez al día. El resto son durmientes polifásicos, que alternan fases de sueño y vigilia durante toda la jornada. Algunos estudios indican que el hombre primitivo también era polifásico, pero fue abandonando este hábito con los ritmos de vida cada vez más frenéticos, algo que no ha hecho más que incrementarse durante el último siglo, en el que se han perdido unas dos horas diarias de sueño.

Según la Fundación Española del Corazón, “la siesta podría ayudarnos a recuperar el sueño perdido y asegurarnos un ritmo de vida más sano, porque, como ha demostrado la ciencia, proporciona beneficios físicos y mentales”. Entre esos efectos, según detalla en su web (fundaciondelcorazon.com), la siesta previene las cardiopatías, ya que ayuda a disminuir en un 37% el estrés y el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Asimismo mejora los reflejos, como se desprende de los resultados de un estudio de la NASA realizado sobre 747 de sus pilotos: los que dormían una siesta diaria de 26 minutos cometían un 34% menos errores en el trabajo y duplicaban sus niveles de alerta. 

El estado de ánimo se ve también beneficiado por la acción de la serotonina, un neurotransmisor que se libera al dormir proporcionando al cerebro una sensación de satisfacción y bienestar, eliminando esa irritabilidad que nos asalta cuando vamos faltos de descanso. No resulta menos importante su incidencia en la reducción de la tensión arterial, en el aumento de la concentración, el estímulo de la creatividad o el fomento de la positividad, entre otros efectos positivos del reposo a mitad de la jornada.

Ahora bien, la siesta también puede tener sus inconvenientes. He aquí el quid de la cuestión. Según un estudio avalado por el Colegio Americano de Cardiología en el 2016, las siestas de más de 40 minutos están relacionadas con un fuerte incremento del riesgo de desarrollar el llamado síndrome metabólico, caracterizado por un conjunto de problemas de salud como presión arterial y colesterol altos, aumento de azúcar en sangre y exceso de grasa abdominal, factores que pueden propiciar enfermedades cardiacas y diabetes de tipo 2. 

Según el autor principal del informe, Tomohide Yamada, especialista en diabetes en la Universidad de Tokio, dormir la siesta durante 90 minutos parecía aumentar el riesgo de síndrome metabólico hasta un 50%, mientras que, curiosamente, había una ligera disminución de ese riesgo entre los que dormían siestas de menos de 30 minutos.

Otra cuestión es cuándo es el mejor momento para esa siesta  breve. Para Ricard Sorio, jefe de la unidad de obesidad de la clínica Opción Médica, “el ritmo circadiano del cuerpo es el que marca la mejor hora para hacer la siesta y ésta suele ser, en personas con horarios convencionales, sobre las 15 horas”. Su recomendación es que los niños menores de tres años duerman unos 60 minutos aproximadamente a primera hora de la tarde. Entre los tres y cinco años de edad, sólo unos 20 minutos para evitar problemas de insomnio en horario nocturno. Precisamente por eso, a partir de entonces y hasta cumplir los 20 años es mejor que no se duerma la siesta.  

Una vez se entra en la fase adulta es aconsejable una siesta corta, también de unos 20 minutos, pero nunca en casos de un frecuente despertar nocturno. Mikel Garmendia, de la unidad del sueño del hospital Universitario Donostia, explica que “las personas que duermen menos de siete horas tienen un mayor riesgo de enfermedades. Es por ello que una siesta de media hora complementa el descanso, siempre que sea en la franja horaria de las 15 a las 17 horas. 

Una ayuda para regenerar la piel
Muchos dermatólogos y esteticistas, como Susana Climent, del Centro de Estética Valencia de Gandia, refrendan que “el descanso es un aspecto fundamental para la vigorosidad y la elasticidad de la piel, sobre todo la del rostro”. Por ello, es indispensable dormir entre siete y ocho horas diarias todos los días de la semana, adquiriendo una rutina del sueño tal como se siguen unas pautas dietéticas o se realiza ejercicio de forma regular. Según la doctora Rosana Negre, de la clínica Opción Médica, “la siesta relaja, satisface y produce bienestar, disminuyendo la tensión y el estrés, lo que influye en la piel”.