Una colección de puño y letra

De Isabel la Católica a la reina Victoria. De Napoleón a Kennedy, de Newton a Freud. Durante casi medio siglo, el editor brasileño Pedro Corrêa do Lago ha reunido miles de cartas, manuscritos, fotografías firmadas y dibujos que conforman la colección privada de documentos autografiados más completa del mundo. La editorial Taschen los recopila en un libro.

Medio en broma, Pedro Corrêa do Lago se define más como “un loco” que como un coleccionista de manuscritos y autógrafos de personas notables. Una pasión que ha definido su vida desde la adolescencia y que ha hecho que, sin ser millonario, haya conseguido tener la colección privada de estos documentos más completa del mundo. “Mi locura”,  explica en un perfecto español, uno de los mucho idiomas que esta brasileño habla con fluidez, “fue la idea de hacer una colección universal, generalista e enciclopédica, lo que es un decisión totalmente absurda que no recomiendo a nadie”. Él, sin embargo,  lo ha hecho. Y a qué escala. “Nunca pensé que tendría medios para ir comprando lo que he comprado, no vengo de una familia acaudalada. Pero estos últimos quince años he estado trabajando en el mercado del arte, me ha ido bien y… todo lo que gano lo pongo en esto”. 

Corrêa do Lago empezó su colección de adolescente y con un autógrafo de Truffaut. “Había visto ‘El niño salvaje’, que es fabulosa. Por carta le pedí un autógrafo”

Esto son miles de documentos escritos o firmados por muchos de los y las protagonistas de la historia de Occidente. Políticos, escritores, científicos, reyes, zares, exploradores, compositores, filósofos, artistas y conquistadores, entre otros. Desde un pergamino de 1153 con la rúbrica de cuatro papas hasta la firma del científico Stephen Hawking en el 2006, compuesta por una impresión de la huella de su pulgar. La colección de Corrêa de Lago abarca casi 900 años de historia y se conserva en una serie de archivos de media tonelada de peso, a prueba de fuego, que reposan en un salón de la planta baja de su domicilio de São Paulo. 

“Cuando entro en esta sala, de unos treinta metros cuadrados, estoy rodeado de la historia del mundo y la cultura de Occidente. ¡Es una cosa fantástica!”, exclama: “Poder zambullirme en el mundo de Proust o en la edad media. En un cónclave papal o en la historia de España —con Felipe II, ¡que era un burócrata increíble!—. Es un forma de tener una participación en eventos que me interesan. Como cuando leyendo una biografía de Maquiavelo y tengo una carta suya en mis manos, es casi un milagro”. 

Corrêa do Lago empezó su colección cuando era un adolescente, con un autógrafo, de François Truffaut. “Había visto su película El niño salvaje, que es fabulosa. Por carta, le pedí un autógrafo y él tuvo la gentileza de enviármelo”. Lamenta no haber tenido nunca la oportunidad de agradecerle al cineasta francés aquel gesto: “Que, en cierta manera, cambió mi vida. Si no me hubiera contestado… Quién sabe, quizás no me hubiera insuflado la chispa”. Pero aquella respuesta le condujo “a esta locura –repite– de tener las firmas de las aproximadamente cinco mil personas que, a mi juicio, tuvieron el papel más importante en el arte y en la ciencia y en la música, la música, la literatura el entretenimiento y la historia de Occidente”.

“Hace poco compré una carta de Descartes,  me falta algo de Lutero. (Sus manuscritos) son carísimos, como todo lo de Galileo… Pero no me quejo. He conseguido cosas increíbles”

Sin embargo, a Corrêa do Lago no le gusta que lo describan como un cazador de autógrafos. “Nada más lejano. Yo creo que en mi vida habré pedido, quizás, diez autógrafos… Lo que hago es comprar documentos escritos de mano de su mismo autor o firmados por una persona notable: esa son las dos definiciones de autógrafo. Lo que ocurre es que la primera ya está en desuso. Por ello, la gente piensa que sólo me interesan las firmas, cuando no es realmente así”.   

Entre sus fondos, documentos de políticos, escritores, reinas... Desde un pergamino de 1153 con la rúbrica de cuatro papas hasta la firma, con el pulgar, de Stephen Hawking

Hace un tiempo, Corrêa do Lago consiguió algo que ni había soñado: exponer parte de su colección en la Biblioteca y Museo Morgan de Nueva York, que alberga la colección de libros y manuscritos del banquero John Pierpont Morgan. De esta muestra surgió el libro La magia del manuscrito (Taschen), cuyas imágenes ilustran este reportaje y que recopila 140 documentos de su colección. La selección (que no ha sido nada fácil), incluye cartas de Lucrecia Borgia, Vincent van Gogh y Emily Dickinson. Bocetos con anotaciones de Miguel Ángel, Jean Cocteau y Charlie Chaplin y manuscritos de Giacomo Puccini, Jorge Luis Borges y Marcel Proust.

De todos ellos, su propietario extrae una historia. “Cuando compro una carta de alguien, tengo la impresión de que me acerco a esa persona. Tengo más interés, leo más sobre ella y descubro cosas”, cuenta. Hasta el punto que cuando toca el mismo papel que esa persona tocó: “Se establece un vínculo. Me siento un poco como si formara parte de mi círculo de amigos”. Un círculo bastante amplio, compuesto por algunas de las figuras de la historia y la cultura mundial como Einstein, Freud, Toulouse-Lautrec, Simón Bolívar, Mata Hari,  Isadora Duncan, Proust, Napoleón o Isabel la Católica. De la reina española conserva una carta donde se hace referencia a la compra de unos azulejos sevillanos para la Alhambra. De Proust y Napoleón tiene decenas de piezas. “De Napoleón, por ejemplo, desde que era un joven que se llamaba Bonaparte hasta que fue desterrado a Santa Elena. No, realmente, no me aburro nunca”. 

Hijo de un diplomático brasileño, Corrêa do Lago vivió de niño en diferentes países, lo que le convirtió en políglota y avivó una curiosidad que continúa. “Mi padre no tenía una fortuna personal, aunque he tenido una educación muy privilegiada gracias a él. Ello me ha permitido poder trabajar en lo que me gusta, en el mundo del arte y también en el editorial. Esta es, en definitiva, una colección amasada por un tipo que se gana bien la vida, es un poco loco y puede comprar”, sintetiza. 

¿Cómo lo hace?

El coleccionista se hizo con un manuscrito hallado durante el vaciado de un piso: eran 40 páginas manuscritas de “Las hazañas de segundo David”, de Lope de Vega

Adquiere, sobre todo en remates: en librerías de viejo y bibliotecas de pisos que se vacían, donde pueden encontrarse verdaderos tesoros. “Una vez, uno de los traperos que vaciaba un piso me llamó a mi móvil diciéndome que tenía ‘un manuscrito español’”. Resultó ser Las hazañas de segundo David, de Lope de Vega. Cuarenta páginas manuscritas, de 1619 que habían pertenecido a la familia imperial de Brasil, emparentadas con la casa real española. “Un auténtico milagro, que hubiera un manuscrito de Lope de Vega en mi propio país”, comenta aún emocionado. Si hubiera otro milagro, ¿qué le gustaría encontrar?: “Hace poco compré una de las cosas que más quería adquirir, una carta de Descartes, pero me falta algo de Martín Lutero”. Los manuscritos del impulsor de la Re-forma Protestante son, dice: “Carísimos, como todo lo relacionado con Galileo… Pero no me puedo quejar. He conseguido cosas increíbles”. 

A los 61 años, a Pedro Corrêa do Lago todavía no le preocupa el futuro de su colección, pero le gustaría que algún día una institución se hiciera cargo de ellla. Entre tanto, la sigue disfrutando. Sigue comprando y visita los manuscritos guardados en su casa, donde vive con su esposa, mujer tan inteligente como paciente. 

La colección se conserva en contenedores a prueba de fuego, pero si un día fallaran… ¿Qué pieza salvaría?: “Si tuviera la posibilidad de salvar una, imagino que intentaría salvar muchas más y… acabaría quemado”, responde riéndose.