Vivir sin plástico

A finales del siglo XIX, tras una serie de matanzas masivas de elefantes, la empresa neoyorquina Phelan & Collander organizó un concurso dotado con 10.000 dólares de premio para quien inventara un material similar al marfil. El ganador fue un joven estadounidense llamado John Wesley Hyatt, quien en 1868 consiguió crear un material plástico al que llamó celuloide que hizo innecesario matar a tres o cuatro elefantes para fabricar un juego completo de bolas de billar (con cada colmillo se fabricaba un promedio de tres bolas), en una época en la que también las teclas del piano y las empuñaduras de las armas se elaboraban con marfil.

Las cosas hoy en día se ven de una forma muy diferente. Y el plástico se ha convertido en uno de los grandes problemas que afronta la humanidad. Sin embargo, “el plástico no mató a John F. Kennedy. Estamos criminalizando un material al que debemos buena parte del desarrollo humano de las últimas décadas. Lo que pasa es que es más cómodo criticar el material que criticar su mal uso”, explica José Luis Gallego, divulgador ambiental y autor de Plastic Detox (Libros Cúpula). “No podemos seguir permitiéndonos la frivolidad de pensar que lo que está sucediendo no nos atañe. El problema es el consumidor, no el plástico”, recalca. La buena noticia es que comienzan a haber plasticarianos. Es decir, personas que demuestran a diario que es posible vivir sin plásticos.

Yurena González, autora de Mejor sin plástico (Plataforma Editorial) e impulsora del ecoblog Nonoa, un día se quedó paralizada frente a su cubo de basura plástica al comprobar la velocidad a la que se llenaba. “Fue entonces cuando comencé a cambiar de dentro hacia fuera”, explica mientras saca del bolso una botella rellenable de agua de medio litro de capacidad, fabricada en acero, tapón incluido, en previsión de que desprenda microplásticos, como alertan algunas investigaciones. Pero... ¿por dónde empezar? “Da un poco lo mismo, puede ser por ir a comprar con una bolsa de tela, por cambiar las cápsulas desechables de café por otras rellenables de acero... Al final se trata de dar el primer paso para que aparezca ese sentimiento que surge al hacer las cosas diferentes”, responde González. He aquí otras alternativas al plástico, un material que puede tardar entre 150 y 1.000 años en degradarse, propuestas por estos dos autores.


Cepillo de dientes 
Existen cepillos de diferentes tipos de madera, como la de bambú. Pueden durar un año mientras no se deformen las cerdas (que hay que vigilar que no sean de nylon).

Biberones 
“En el caso  de los bebés, aconsejo no utilizar plástico para cosas que se llevan a la boca –explica González– o que estén en contacto con los alimentos, como biberones, chupetes, platos y cubiertos. Al fin y al cabo, en la mayor parte de la historia de la humanidad jamás se utilizó plástico para alimentar a los bebés y aquí continúa nuestra especie”, ironiza. El chupete, por ejemplo, puede ser de caucho o silicona; el biberón, de acero o vidrio, y los pañales, de tela.

Bolsa de supermercado
“Hay que salir a comprar con la bolsa puesta: la bolsa más ecológica es la que no se pide”, recuerda Gallego. Por su parte, González avisa de que las bolsas oxodegradables que ofrecen algunos supermercados no son buena opción, "pues nunca llegan a desaparecer, sino que se convierten en microplásticos, un problema todavía peor que el plástico entero”, indica. “También algunos centros comerciales ofrecen bolsas compostables que, en realidad, no lo son, pues para ello han de llevar la certificación OK Compost”, añade. 

En la cocina
“Las esponjas y los estropajos elaborados con plantas como el zacate o la luffa son una excelente alternativa pues, al tratarse de fibras naturales, no liberan ningún tipo de partícula contaminante y son biodegradables”, informa Gallego. “Un truco tan práctico como eficaz para conservar sin film de plástico lo que nos ha sobrado es taparlo con otro plato de la misma medida. El peso del que utilizamos de tapadera impide que entre el aire y estropee la comida, por eso es importante que sea de igual tamaño”, explica. En cuanto a la escoba, González usa una de fibra de coco. “Mi escoba está impecable y tiene más de un año, mientras que las de plástico se me deformaban en poco más de un mes”, aprecia.
Al congelar alimentos o envolver los bocadillos, en lugar de usar papel film, bolsas de plástico o papel de aluminio, González utiliza recipientes de vidrio, bolsas de silicona y telas de algodón orgánico reutilizables impregnadas con ceras, resinas de pino o aceite de almendras (wraps) para cualquier alimento, salvo el pescado y la carne cruda. Los wraps se vuelven moldeables con el calor de  las manos, por lo que se adaptan a cualquier alimento o recipiente y duran, como mínimo, seis meses.

Durante la menstruación
Se estima que una mujer puede llegar a consumir alrededor de 10.000 compresas o tampones a lo largo de su etapa fértil. Para González, la copa menstrual es seguramente una de las opciones más sostenibles. “Prácticamente todas las mujeres que conozco que la han utilizado coinciden en que les ha cambiado la vida”, admite. Sin embargo, González reconoce que no está hecha para ella. “Me declaro fiel usuaria de las compresas de tela. Además de lo bonitas que son, su suavidad, absorbencia y comodidad me enamoran. Para lavarlas, sólo hay que tener en cuenta que sea con agua fría, ya que el agua caliente fija las manchas”, alerta.

En el baño
“Las tradicionales pastillas de jabón cumplen con la misma función que los geles líquidos, pero no van en botellas de plástico. También hay marcas que ofrecen comprar a granel”, indica Gallego. Otra posibilidad son las nueces de lavado, unas bolitas de saponina que sacan jabón al contactar con el agua.

Al afeitarse
Las maquinillas de toda la vida, las que usaban nuestros abuelos, son la mejor alternativa a las desechables. “El único residuo que generan son las hojitas de afeitado, que se biodegradan por oxidación y son ridículamente baratas”, informa González.

Al forrar los libros escolares
En lugar de hacerlo con plástico adhesivo, es mucho más ecológico utilizar papeles de regalo o restos de papel de revistas, catálogos, etcétera. Al comprar las libretas y folios hay que fijarse en que posean el certificado FSC, que garantiza que el papel proviene de bosques sostenibles.

Al beber agua
En la actualidad, se compran en el mundo un millón de botellas de agua envasada al minuto, de las cuales menos del 50% se recuperan para el reciclaje. Por si fuera poco, la OMS ha advertido de la presencia de microplásticos en el agua embotellada (entre ellos, polipropileno, nylon y tereftalato de polietileno, usado para los tapones). Por este motivo, González utiliza una botella rellenable de acero y ha instalado un filtro de carbón activo en su domicilio para beber agua del grifo.