12.32

12.32. A esa hora el BA2707 procedente de Barcelona con destino al londinense aeropuerto de Gatwick paraba sus motores (o lo que sea que hacen los aviones cuando llegan a la puerta de embarque) y pocos minutos más tarde descendía Alexandra, mi socia y buena amiga. 

Debía correr un poco (consejo: lo mejor es pensar que el Reino Unido ya no es de la UE y traer consigo el pasaporte para pasar por el control automático y no tener que hacer la cola para que te revise el DNI un policía) ya que a las 12.49 tenía un Gatwick Express que llegaba a Victoria a las 13.19. De ahí podía caminar dos minutos y medio, coger la Victoria Line del metro de Londres y llegar a Oxford Street, donde la esperaba para tomar algo antes de ir al despacho. 

Desde mi pequeño iPhone SE pude seguir todas sus andanzas. British Airways me informaba al minuto sobre retrasos en la llegada a la puerta de embarque. En tiempo real vi los horarios de los trenes a Londres para aconsejar el más rápido, directo o barato (Alexandra está muy viajada, pero tiene tendencia a irse hacia Reading o Brighton en lugar de hacia el centro de la ciudad). También podía decirle qué combinación de metro era más rápida y tenía menos escaleras (importante cuando se trae a Londres una maleta, el cansancio, un abuelo o una sobrina de un año y medio que quiere caminar a todas partes), por qué salida abandonar la estación y qué tiempo haría cuando apareciera en Oxford Circus. 

Seguro que al leer esto piensan que no es nada nuevo, que ustedes llevan años haciéndolo. Pero permítanme que les invite a pensar de qué forma se ha ido haciendo progresivamente más fácil, cómodo, rápido, intuitivo, personalizado y ergonómico. También se ha ido llenando de publicidad, de consejos patrocinados y de contenido editorial pagado.

Les explico todo esto porque es la base de lo que compartiré en unos minutos en una conferencia para los responsables de hacer las cosas tecnológicamente sencillas en un enorme banco español. A ver si ellos también se animan.