‘Bye bye, Christmas’

Ahora que por fin se han acabado las fiestas navideñas es buen momento para repasar con calma el aviso que, antes de que empezasen, dio el sacerdote y psicólogo Desmond O’Donnell. Es un señor norirlandés, oblato según explica la prensa de Irlanda. Lo de oblato me sonaba a oblea, pero como no sabía qué es, he buscado la palabra en el diccionario. El de la RAE explica que un oblato es un “integrante de alguna de las diversas congregaciones que se dan a sí mismas el nombre de oblatos u oblatas, es decir, ofrecidos”. Ahora que muchas personas se enorgullecen de no abrir nunca un diccionario, es oportuno recordarles que resultan sumamente útiles para, pasito a pasito, ir rebajando la ignorancia.

El próximo diciembre, los creyentes deberían celebrar la natividad y no la navidad

Bueno. Pues el psicólogo y sacerdote oblato O’Donnell explica que los cristianos deberían arrinconar Navidad y buscar otra palabra. El porqué: “Navidad ya no conlleva el sentido de Dios, que se unió a la grey humana y habitó entre nosotros. Ahora, Navidad significa otra cosa. Igual que sucede con el término Semana Santa, se ha esfumado. No es una tragedia. Que se esfumen, incluso la palabra Dios. Por Dios, tu padre entendía algo diferente a lo que tú entiendes ahora”. Invita a los cristianos a, la próxima vez, celebrar la Natividad en vez de la Navidad. En español, la diferencia de letras es mínima (ambas palabras son incluso sinónimas), pero en inglés, la lengua franca actual, que además es la suya, la diferencia es evidente: Nativity por Christmas. 

No le molesta que los no creyentes la celebren, porque a la gente le gusta celebrar cosas: “La aventura humana anhela las celebraciones”. No está contra el comercio navideño, pero sí contra el consumismo. No es un lamento nuevo. Desde que era chico vengo oyendo quejas contra la fiebre consumista en la que estas fiestas se han convertido. 

Yo, que sólo soy cristiano de forma nominal –me bautizaron al poco de nacer, sin pedir mi opinión–, entiendo la desazón de O’Donnell. Es jodido ver cómo aquello en lo que crees cae en manos de bárbaros que si anhelan la llegada de Semana Santa –la próxima meta profanada– no es para celebrar su componente religioso, sino para pillar un billete de avión y largarse a pasar esos días en las Seychelles, tumbados en una hamaca y con una copa de vino de palma en la mano, para ponerse morenos y al volver despertar la envidia de sus compañeros de trabajo. Laus Deo.