Cigarrillos

Qué tiempos aquellos en los que, a un diseñador gráfico, los dirigentes de una tabacalera le hacían un encargo y, al cabo de días de darle vueltas, el señor se presentaba ante ellos y –como en el caso de Lucky Strike– les sugería que abandonasen el verde que servía de fondo al paquete y –dejando el círculo rojo tal como estaba– cambiasen el fondo a blanco, para sugerir mayor sensación de frescor. La prueba del acierto de aquella idea es que las ventas aumentaron, los empresarios quedaron boquiabiertos y el diseñador se embolsó unos buenos dinerines. Eran los felices tiempos de Mad Men.

El marrón mierda que han escogido para los paquetes de pitillos es repugnante

Ahora todo eso se ha acabado. Hace dos semanas en Gran Bretaña las cajetillas de tabaco pasaron a ser todas iguales, absolutamente todas. Las imágenes tenebrosas de cuellos cancerosos, arterias destrozadas, pulmones convertidos en una piltrafa y hombres yaciendo en una cama de hospital con máscaras de oxígeno pasan a ser mayores que ahora. Igualmente, el cuerpo de letra que advierte de las consecuencias terroríficas pasa a ser mucho mayor. Por ese motivo han prohibido los paquetes de diez pitillos, porque no tienen suficiente superficie para insertar fotos y tipografías tan grandes. A cambio, la marca del tabaco pasa a ser chiquitita. En la parte baja del paquete, en un cuerpo pequeño se lee “Marca” y, bajo esa palabra, en un cuerpo aun más chico, el nombre de la marca en cuestión: Variant, JPS Players, L&B Blue...

Pero lo más interesante es el color de fondo de todos los paquetes: de todos, sean de la marca que sean. En todos los casos es el mismo verde marronoso, o marrón verdoso, como les parezca mejor. Pero de hecho es color mierda. Es el tono de Pantone menos atractivo, más desagradable que he visto en mi vida: el 448 C. Ese mismo cambio se dará en toda la Unión Europea, de modo que, más pronto o más tarde, tampoco aquí nos escaparemos de esa unificación. Me dicen que en Francia el cambio se produjo a principios de año, pero como hace tiempo que no voy por ahí a buscar andouillettes y mostaza de la buena no he podido comprobarlo.

De modo que, señoras y señores, así se cierra un ciclo de la historia: los herederos de los diseñadores gráficos que hace cincuenta y sesenta años se esforzaban en hacer atractivas y seductoras las cajetillas de tabaco se han esforzado ahora en hacerlas repulsivas. Y lo han conseguido. Así se escribe la historia.