Y dos huevos duros

En Bruselas, cercano al centro, hay un barrio que tiempo atrás fue industrial: edificios de ladrillo y estructuras de hierro forjado, como se estilaba en el siglo XIX. Muchos fueron almacenes, otros fábricas, todos construidos alrededor de una antigua estación de trenes. La zona había pertenecido a la familia alemana Thurn und Taxis, la que durante el Sacro Imperio Romano Germánico se encargó del servicio de correos –a base de caballos con sus correspondientes jinetes– entre los Países Bajos y media Europa. Cuando el barrio se convirtió en industrial, para denominarlo simplemente adaptaron el apellido de esa familia al neerlandés (Thurn en Taxi’s) y al francés (Tour et Taxis). Con esos topónimos se conoce aún hoy en día.    

Un barrio con edificios fabriles es el sueño húmedo de todo modernillo

Un barrio con edificios fabriles es el sueño húmedo de todo modernillo que se precie. Pasa lo mismo en Nueva York, Berlín o Barcelona. Cada barrio industrial que deja de serlo porque la industria se desplaza hacia la periferia se convierte en objeto de deseo. En Bruselas sucede exactamente eso con Tour et Taxis. Para acabar de darle el impulso definitivo, a principios de verano la empresa encargada de la remodelación puso en marcha un concurso para bautizar las calles y las plazas, que, como suele suceder en las zonas fabriles, no tenían nombre. El éxito ha sido total: se han presentado 1.397 propuestas, entre las cuales un jurado ha seleccionado las veintiocho que han creído más apropiadas.

El concurso ha maravillado a los amantes de las alegrías asamblearias. Valoran que se ofrezca a la gente la posibilidad de bautizar las nuevas vías públicas con aportaciones originales. El nombre más valorado es el de la calle Ceci n’est pas une rue, que parafrasea el famoso cuadro de René Magritte, Ceci n’est pas une pipe. Pero hay también un callejón que rinde homenaje a un tipo esplendido de cerveza belga: Passage de la Kriek. Y como no es bueno beber sin comer nada, otros callejones honran las especialidades culinarias del país: Passage du Stoemp (un puré de patatas y verduras), Passage du Chicon (endivias gratinadas con jamón), Passage du Cuberdon (un tipo de bombón), Passage du Speculoos (una galleta dedicada a san Nicolás) y un Passage de la Praline, que no precisa traducción. A mí el que más me gusta es el callejón de la Patata Frita, Passage de la Frite, que sin ningún tipo de duda será objeto de disputa de Lays, Santa Ana, Frit Ravich e incluso Pringles, a ver quien rueda antes ahí sus anuncios.