Malditos croatas

UN RECUERDO PARA TODOS LOS QUE MURIERON POR LLEVAR LA CORBATA APRETADA

Desde que en el siglo XVII los soldados croatas que fueron a París a apoyar al cardenal Richelieu la pusieron de moda, la corbata ha habitado entre nosotros sin demasiados problemas. La clase alta la vestía (si no optaba por la pajarita, claro), la clase media no iba nunca al trabajo sin ponérsela y sólo el proletariado pasaba de ella porque, para labrar, reparar un motor de coche o solucionar los problemas de una máquina de gofrado no es precisamente práctica." data-share-imageurl="">

No querría ser pájaro de mal agüero pero dicen que, si usted usa corbata, vale más que se la afloje inmediatamente, ni que sea un poco, al estilo del actor Bradley Cooper. 

UN RECUERDO PARA TODOS LOS QUE MURIERON POR LLEVAR LA CORBATA APRETADA

Desde que en el siglo XVII los soldados croatas que fueron a París a apoyar al cardenal Richelieu la pusieron de moda, la corbata ha habitado entre nosotros sin demasiados problemas. La clase alta la vestía (si no optaba por la pajarita, claro), la clase media no iba nunca al trabajo sin ponérsela y sólo el proletariado pasaba de ella porque, para labrar, reparar un motor de coche o solucionar los problemas de una máquina de gofrado no es precisamente práctica. Ha tenido que ser un grupo de científicos los que ahora nos avisen de los problemas que comporta. En el mundo entero hay grupos de científicos dispuestos a investigar lo que sea a cambio de ver su estudio publicado en alguna revista de prestigio para que, así, su currículum reluzca si no relucía ya bastante. 

En esta ocasión los científicos son del hospital Universitario de Schleswig-Holstein y el estudio se ha publicado en la revista Neuroradiology. (Si el nombre de Schleswig-Holstein les suena, probablemente sea porque se trata del estado federado alemán donde, después de que España activase una orden europea de detención en su contra, Puigdemont pasó doce días en prisión provisional, tras los cuales volvió la mar de feliz a Bélgica, donde reside.) Pero, bueno, a lo que íbamos: los científicos en cuestión seleccionaron a treinta hombres. A quince les hicieron vestir corbata “hasta un punto de ligera incomodidad”. A los otros quince les hicieron ir sin ella. Después, resonancias magnéticas a todos. El flujo sanguíneo cerebral de los que llevaban corbata bajó un 7,7% con relación a los que no la llevaban. En conclusión: el flujo de sangre al cerebro es vital para funcionar mínimamente bien, porque da a las células de ahí arriba el oxígeno, la glucosa y los nutrientes que necesita y, si escasea, puede provocar un daño permanente. Ese aviso se suma a un estudio anterior de otros científicos, en el 2003, que liga el uso de la corbata con el incremento de presión en los nervios ópticos y la posibilidad de desarrollar glaucoma. Por si les sirve de consuelo, sepan que desde hace lustros tengo glaucoma y a lo largo de mi vida no me he puesto corbata más que en contadas ocasiones, básicamente paripés oficiales. 

 Que pase el siguiente estudio, por favor.