Ministerio de la Soledad

El mes pasado Gran Bretaña nombró su primer ministro de la Soledad, a quien se le encarga abordar lo que la primer ministra Theresa May llamó la “triste realidad de la vida moderna”. Así pudo leerse la noticia en varios periódicos ingleses.

De inmediato los responsables de la sanidad inglesa se apresuraron a elogiar la idea, no sólo porque “la soledad es psíquicamente dolorosa, sino por tener consecuencias médicas graves: enfermedades cardíacas, cáncer, depresión, diabetes y suicidio”. Así lo prueban abundantes estudios epidemiológicos y clínicos (que algunos, todo hay que decirlo, cuestionan). Es decir, que combatiendo la soledad podrían ahorrársele a las arcas públicas ingentes cantidades del dinero, destinadas ahora al tratamiento de esas enfermedades. Entre los estudios asociados, se menciona uno según el cual la soledad reduce la esperanza de vida tanto como fumar quince cigarrillos diarios, lo cual, supongo, no les importa gran cosa a los solitarios, pues muchos de ellos, para sobrellevar su soledad, son fumadores y alcohólicos.
 

combatiendo la soledad se podría ahorrar una gran cantidad de dinero

“Más personas que nunca viven y envejecen solas”, se dice también en el informe, acaso porque las expectativas de vida se han multiplicado por dos, al tiempo que las nuevas tecnologías y el entretenimiento enlatado (seriales, cine, videojuegos, móviles, tabletas, internet) propician la soledad. Por lo demás, nada dicen tales estudios de todos aquellos que precisamente porque son viejos, pobres, desdichados, fracasados o tímidos se ven abocados a ella contra su voluntad, pues su espíritu es jovial, generoso, emprendedor y afable, y eso aún les produce un mayor desasosiego.

Hannah Arendt distinguía entre “hacerse compañía uno mismo” o “solitud” (solitude), y la “soledad” (loneliness), donde “uno se encuentra solo, pero privado de la compañía humana y también de la propia compañía”. Ambas palabras figuran en nuestro diccionario académico, pero sin matiz, como seudónimas. El trabajo que tiene por delante el nuevo Ministerio de la Soledad es, pues, ímprobo. ¿Cómo combatirá esta epidemia del siglo XXI? ¿Qué medidas higiénicas adoptará? ¿Sabrán que aquí sólo se mostrará eficaz la homeopatía? Quiero decir, que a la soledad, como sabemos los solitarios, sólo se la vence con solitud.