La pobreza de esos hombres

Escribo este artículo todavía bajo el efecto de las noticias sobre la rama británica de la oenegé Oxfam. Ya saben a qué me refiero: la revelación por parte del diario The Times de que, tras el terremoto de Haití, algunos cooperantes de esa organización contrataron a prostitutas locales a las que, para colmo, pagaron con fondos destinados a la ayuda humanitaria.

Oxfam es una de las oenegés más antiguas, grandes y reputadas. Personalmente, he colaborado con ellos en más de una ocasión y siempre me he fiado de su profesionalidad. De hecho, quiero seguir fiándome: no pretendo poner en duda el trabajo de la ayuda humanitaria en su conjunto. Estoy convencida de que si Oxfam y otras instituciones parecidas no existieran, el mundo sería un lugar aún mucho peor de lo que es.


la verdadera razón del auge de los cuerpos vendidos: el que paga, manda

 

Mi decepción es más como mujer que como contribuyente. No consigo entender cómo es posible que esos tipos que están allí, viendo en vivo la miseria de las haitianas, sean capaces de contratarlas para correrse una juerga. Las mujeres de mi generación creíamos ingenuamente que la prostitución era algo del pasado. Gozando de nuestra propia libertad sexual sin complejos, nos tragamos en buena medida el discurso de que los hombres que compraban sexo eran en su mayor parte víctimas de la educación represiva del género femenino.

Pero los años han pasado, y la prostitución no sólo no ha desaparecido, sino que, por desgracia, ha ido a más. Ahora ya sabemos que esos que pagan por acostarse con mujeres (casi siempre muy desdichadas) no suelen hacerlo por sexo, sino por poder. Esa es la verdadera razón del auge de los cuerpos vendidos: el que paga, manda. Darle un puñado de monedas a una mujer debe de crear una sensación de dominio absoluto que a ciertos hombres parece gustarles mucho. Y eso es lo que me enferma: comprobar que, a medida que nosotras somos más libres, hay tantos varones que nos quieren sumisas, sin afectarles el daño moral que significa —incluso para ellos mismos— someternos de manera mercenaria durante un rato. ¿Qué importa utilizar como si fueran cosas a unas mujeres víctimas de la pobreza y las catástrofes naturales si, a cambio, tú te sientes omnipotente durante unos minutos? Me temo que los realmente pobres son ellos. Al menos, de conciencia y de principios, por mucho que finjan ir a ayudar a los pobres oficiales.