Posverdad

Tecleo la palabra posverdad y en la pantalla de mi ordenador aparece subrayada en rojo, como un término mal escrito o un concepto inexistente. Lo cierto, sin embargo, es que la tenemos hasta en la sopa. Tanto, que en el 2016 el prestigioso Oxford Dictionary eligió post-truth como palabra del año y el 2017 terminó con ella integrada en el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española. 

¿Cómo define el DRAE esta nueva entrada? “Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. A primera vista no parece algo novedoso: engañar, exagerar, tergiversar o apelar a los instintos más primarios ha sido algo común en la propaganda política a lo largo de la historia. Lo que resulta distinto es que ahora todo se ha extendido hacia una realidad virtual alternativa en la que verdad y mentira pueden convertirse en lo mismo.

ha llegado para quedarse, y no parece que exista posibilidad de vuelta atrás

En definitiva, como sintetiza el filósofo A. C. Grayling, se trata de algo terriblemente narcisista que radica simplemente en el convencimiento de que la opinión particular sobre algo vale más que los propios hechos. Y en estos tiempos de redes sociales, esas opiniones que se expresan instantáneamente a los cuatro vientos a golpe de smartphone pueden alterar de manera radical las evidencias, generando una cultura online incapaz de distinguir entre ficción y realidad. ¿Resultado? Unos cuantos reclamos bien lanzados desde Twitter pueden acabar teniendo más crédito que una biblioteca repleta de sesudas investigaciones. No importa que se trate de topicazos manipulados, exageraciones o bulos que puedan ser matizados o desmentidos por los datos. Se lanzan, se expanden, se aceptan, calan… Y se convierten en posverdad.

The New York Times, The Washington Post, The Economist: toda la prensa seria norteamericana define a Trump como “un político de la posverdad” y dedica un permanente esfuerzo a verificar y contradecir sus discursos y mensajes. En la campaña a favor del Brexit, por otro lado, se lanzaron todo tipo de argumentos y reclamos falsos, cargados de falacias y cifras manipuladas que colaron como aparentes verdades. Y no entro en más ejemplos porque me estoy acercando peligrosamente a las 400 palabras que esta página tiene como límite, pero seguro que ustedes igual que yo tienen en la cabeza algunos otros casos bastante más cercanos. 

Y lo peor es que la posverdad ha llegado para quedarse, y no parece que exista posibilidad de vuelta atrás.