Un mundo sin (casi) mujeres

Supongo que la mayor parte de ustedes no conoce la firma consultora McKinsley, pero se trata de una de esas prestigiosas compañías internacionales que realizan informes para gobiernos y empresas de todo el mundo señalándoles sus puntos débiles e indicándoles el camino que seguir para mejorar. Pues bien, la consultora acaba de analizar el papel de las mujeres en el tejido empresarial español, y sus resultados son desoladores. 

La discriminación comienza ya desde la base: a pesar de que el 58% de las personas que se licencian en las universidades españolas son mujeres, ellas sólo suponen el 37% de las contrataciones de las grandes empresas. A partir de ahí, el acceso a los puestos directivos es mucho más complicado que para los hombres, y va bajando a medida que se asciende en la cúpula: a los comités ejecutivos únicamente llegan un 11%. Y sólo un insignificante 3% son consejeras delegadas. 

si la mujer tuviera el papel que merece en la empresa española, el pib subiría

La justificación habitual radica por supuesto en la maternidad: en cuanto somos madres, las mujeres estamos demasiado ocupadas con el cuidado de nuestros hijos como para poder desarrollar con plenitud nuestras carreras. Tristemente, nunca se emplea esa excusa con el otro género: ¿por qué un padre no debe estar igual de implicado que una madre a la hora de ocuparse de sus criaturas? Lo justo –y lo hermoso– sería que los pañales, los mocos, los deberes, las cenas y las clases de inglés supusiesen el mismo esfuerzo para las mujeres que para los hombres. Pero la excusa les va muy bien a todos los señores de mentalidad patriarcal para quitarse de encima a este género al que no quieren ver compitiendo con ellos en condiciones de igualdad.

Hay muchos territorios laborales, demasiados, que numerosos hombres consideran exclusivos. Lo son, por ejemplo, la construcción o la minería, por decir algo. Pero también los espacios de poder y prestigio de las grandes compañías, aquellos en los que las comidas de trabajo se alargan hasta las 6, las reuniones empiezan a las 7 y, a veces, las decisiones importantes se celebran en clubs nocturnos muy privados. Entretanto, el talento femenino y nuestra probada capacidad de gestión se desperdician. No lo digo yo, lo dice –además de otros expertos– el informe de esa famosa consultora, que habla incluso de los muchos puntos que subiría nuestro PIB si las mujeres desempeñasen el papel que merecen en el mundo empresarial español. ¡Qué frustrante!