El último día de mi vida Aitana Sánchez-Gijón: “Lo que más me angustia es no poder leer más libros”

Mamá, quiero ser actriz”. Lo dijo por vez primera cuando tenía cinco años. Y como Aitana Sánchez-Gijón (Roma, 1968) lo que dice, lo hace, es hoy actriz. Toda su vida gira en torno a la función, y la vive con tanta pasión como inquietud. Incluso ha dicho que muchas veces se siente en peligro de muerte cuando está sobre el escenario...

–No sé si puedo explicarlo. Es una sensación de peligro muy extraña y no es racional. No sé qué significa ponerse delante de un toro, pero tengo un nivel de estrés parecido al que tienen los toreros cuando se ponen frente al toro. Es como si lidiara con la función y con la expectativa que el público tiene de ti... Me hace sentir que si fallo es la muerte.

Empezó a experimentar la muerte de niña, cuando dos amigos del cole perdieron a sus padres en un breve lapso de tiempo, “primero a su padre y luego a su madre. Me impactó muchísimo. Luego mi hermana del alma perdió a su madre a los nueve años, y la medio adoptamos en casa”. Siempre le pareció aterrador ser niño y perder a los padres. Ahora tiene amigos que han perdido a sus hijos, “y no sé qué es peor”.

Desearía pensar que hay algo más allá de la muerte, porque le consolaría, pero “desgraciadamente” no cree que lo haya. Dice que estamos aquí de paso, que somos insignificantes y que formamos parte de la cadena de la naturaleza.
–El hecho de tener raciocinio e imaginación no nos hace ser eternos. 

No le da miedo su muerte, sino la de los otros, sus seres queridos. “La muerte afecta a los que se quedan”, afirma.
Ahora da vida a Hécuba, segunda mujer de Príamo, rey de Troya, en Las troyanas, de Eurí­pi­des, próximamente en cartel en Barcelona. 
Antes Medea, ahora Hécuba en Las troyanas...¿Cómo es la mujer en la tragedia griega?
–Son arquetipos poderosísimos. A veces, en el caso de Medea, aterradores; en el caso de Hécuba, ejemplo de resiliencia y fortaleza.

Madre de una vasta prole, entre los que se encuentran Héctor, Paris y Casandra, Hécuba también da lecciones para seguirlas en vida.
–Nos enseña que incluso en las circunstancias más extremas, en las que desearías morir porque lo has perdido todo, no puedes dejarte vencer porque tienes que defender la memoria y la palabra como única posibilidad de reconstrucción.

Palabra viva en el recuerdo. Palabra de mujer para quien no la tuvo.
Resiliencia y fortaleza.

 

1. Si supiera que mañana es el último día de su vida, ¿qué haría? ¿Cómo lo pasaría?
Pues creo que intentaría irme a una casa con grandes ventanales frente al mar, a un sitio cálido con mi gente querida para observar la puesta de sol.

2. ¿Qué le hubiera gustado hacer y ya no podrá porque no tendrá tiempo?
Pues mira, es algo que siempre me produce bastante angustia: calculo los libros que voy a poder leerme de aquí a que me muera, haciendo una media de uno o dos libros al mes, tantos al año… Son poquísimos los libros que voy a poder leer a lo largo de mi vida. Eso es lo que me produce más angustia, no poder leer más libros.

3. ¿Qué aconsejaría a los que se quedan?
Que lean mucho.

4. ¿Cómo diría que fue su vida?
Plena, completa. Una vida vivida.

5. ¿De qué está más orgullosa?
De mis hijos, de mi familia, de tener un núcleo familiar tan sólido y tan a tierra.

6. ¿Se arrepiente de algo?
Si volviera atrás habría cosas que haría de una manera distinta, pero eso no quiere decir que me arrepienta sino que ahora, con la experiencia de haber pasado por esos errores y esas experiencias, si pudiera las haría de otra manera. Sin embargo, no tendría esta perspectiva y esta capacidad de saberlo si no hubiera errado; por lo tanto, es un poco paradójico. A ver cómo te las apañas para explicarlo.

7. ¿El mejor recuerdo de su vida?
Pues mira, cuando nació mi primer hijo y sentí ese cuerpecillo caliente y tierno en mis brazos después de ese sufrimiento que es el parto. Sentí lo que era la felicidad absoluta, y luego sentí lo mismo cuando nació mi hija. Ya sé que esto es un lugar común y que te lo dicen casi todas las mujeres que han sido madres, pero es así. La sensación de felicidad absoluta sin peros, sin resquicios, es una sensación física, de tocar y oler a mi cachorro, a mis cachorros. Lo que pasa es que la primera vez fue muy sorprendente, la segunda vez fue igual de intensa, pero fue algo que ya reconocía. La primera fue la sorpresa, fue brutal; no me imaginaba que fuera así...

8. ¿Cuál sería el menú de su última cena?
Probablemente un buen plato de jamón, el más caro, el mejor, unas berenjenas a la parmesana de mi madre y un buen vino.

9. ¿Se iría a dormir?
No me acostaría. Me quedaría viendo esa puesta de sol en una terraza frente al mar; y estaría recostada con las personas a las que quiero tocándome… Simplemente dejaría que me fuera entrando el sueño, y eso sería llegar a la muerte.
 
10. ¿Cuál sería su epitafio?
No tendría epitafio. Me gustaría que dispersaran mis cenizas por ahí.