El otro lado: Nacho Fresneda "Deberíamos ser menos frívolos"

ACTOR Valenciano del 71, de larga trayectoria teatral y, sobre todo, televisiva. Hábil para crear personajes de los que se recuerdan, como el Huari de 'El cor de la ciutat', o el Alonso de 'El Ministerio del Tiempo'. En el último filme de Sorogoyen, 'El reino', es traidor entre traidores en una reflexión rabiosamente contemporánea sobre la corrupción.

¿Más Nocturno que diurno?
Lo fui. Ahora prefiero hacer ejercicio por las mañanas.

¿Qué deportes?
Que me diviertan. Bici, nadar, paddle, fútbol. Como mi padre, que con más de 80 hace zumba.

¿Le interesa especialmente el cine inspirado en la actualidad?
Tiene su riesgo, claro. Lope de Vega no te mandará un tuit incendiario. Posee esa inmediatez tan importante en estos momentos. Teníamos muchas ganas de hablar de la corrupción y hacer reflexionar sobre la poca conciencia que hay de que cuando alguien mete la mano en lo público, nos roba a nosotros.

¿Le preocupan los juicios paralelos?
La llamada “pena de telediario”. Hablamos con mucha ligereza, y la presunción de inocencia es una de nuestras grandes garantías de igualdad en democracia. Hay que ser menos frívolos. En especial, algunos medios de comunicación.

¿Qué le enfada de la actualidad?
Si empiezo, no termino. El cinismo de la política, que nos mientan y traten de justificar lo injustificable con ese infantil “y tú más”. Ni lo de dudar de la víctima; de quien denuncia.

Como hombre, ¿qué rémora cultural o educacional cree que le ha perjudicado más?
El empeño en que no mostremos las debilidades. Mi padre está muy lejos de todo eso, y yo trato de transmitir a mi hijo adolescente que tengo debilidades y no soy perfecto ni pretendo serlo. Eso, para nosotros, ha sido y es un enorme lastre.

¿Se comunica bien con su chaval?
La verdad es que sí. Hablamos mucho. Empiezo yo a contarle mis problemas y al rato me dice: “¡Ya está bien, deja que te cuente yo los míos!”.

Ha pasado de defender lo honorable, en El Ministerio del Tiempo, a caer en la depravación…
Me lo he pasado en grande rodando El reino. Pero a Alonso, del Ministerio..., el público le ha cogido mucho cariño. Es el resultado del buen trabajo de todo el equipo. Hoy un taxista me ha preguntado: “¿A qué puerta le llevo?”. Eso no tiene precio.

¿Cómo se lleva con su niño interior?
Lo cuido, juego tanto como puedo y por muchos años. Tengo un oficio maravilloso queme apasiona y me da de comer. Como decía Marsillach, ¿cómo le explico a mi nieto que cada tarde voy a un teatro a tomar agua con colorante y a hacer como que me emborracho? ¡Qué divertido! ¿No?

¿Qué otras cosas le divierten?
Todo lo que sea juego. En la playa con una pelota, la petanca... Cada vez me interesa más hacer cosas que no son productivas. Cuando mi hijo dice que se aburre le digo que es estupendo porque fomenta la creatividad. Y me mira raro. Pero para algo han debido de servir las tardes de no hacer nada en casa de mis abuelos en La Mancha.

¿Un vicio confesable?
Soy melómano pero no entendido. Me gustan la clásica, el flamenco, Rosalía, el rock español, el guitarreo, el tecno, el blues, el jazz y el hip-hop más rabioso guiado por mi hijo. En mi casa igual suena Mercedes Sosa que Extremoduro. Pero no chorradas como el Despacito.