El otro lado: Silvia Marsó "Cada pequeña decisión cambia nuestra vida"

ACTRIZ. Barcelonesa afincada en Madrid, a los 10 años tuvo clara su vocación y hoy, con 54, habla orgullosa de sus cuatro décadas de carrera. Su actual obra, '24 horas en la vida de una mujer', espectáculo en clave musical sobre la novela de Stefan Zweig, la enamoró en un teatro de París, y se empeñó en producirla en España. Ahora, con cien funciones a sus espaldas, estrena la versión catalana en el teatro Condal de Barcelona.

Un paisaje.
La playa vik (islandia). Quisiera volver y estar horas mirándola. 

La afición que más le evade.
Restaurar muebles antiguos; eso, cuando tengo tiempo...

¿Qué le atrajo de la obra de Zweig?
Ante todo, su mensaje: que debemos aprender a ser libres. Creemos que lo somos, pero vivimos condicionados por el qué dirán, por la hipoteca... No escuchamos nuestra voz interior. 

Encarna a una aristócrata de inicios de siglo que un día se libera.
El destino la coloca en una situación límite y por primera vez debe decidir. Y descubre que hasta entonces no ha vivido realmente. Zweig hace que te cuestiones: ¿qué harías tú en su lugar? Por eso los jóvenes que ven la obra salen tocados. Se dan cuenta de la magnitud de cada acto, de que toda pequeña decisión te cambia la vida. 

Una obra de 1927. ¿Sigue vigente?
Claro. Habla de algo universal, de elegir tu camino, no el que te marcan. Zweig eligió a una noble, con la vida diseñada desde la cuna, que tiene que perder a su marido y cruzarse con un joven suicida para reaccionar. Pero siempre puede ocurrir algo que te cambia la perspectiva. 

¿Qué 24 horas marcaron su vida?
Nunca he tenido una dicotomía tan clara. Sí recuerdo que quise tener a mi hijo en mi tierra, pero por ilusión, no por reivindicación. Soy catalana, y de España, de Europa y del mundo. 

¿Cómo vive el conflicto catalán?
Más estresada que si estuviera en mi ciudad. Debo informarme, contrastar y sacar conclusiones sin que me duela el alma. Pero no quiero tocar ciertos temas: se tergiversan las respuestas. No por la prensa, que me respeta, sino por las redes. Allí no hay filtros. 

La cualidad que le ayuda a vivir.
El afán de superación. 

El defecto que cambiaría. 
Mi excesiva confianza en los demás. 

¿Qué no soporta en los demás?
¡La hipocresía, uf!

¿Qué le da miedo?
La destrucción del ecosistema. Soy de Greenpeace desde hace 25 años. 

¿Qué le hace feliz?
La naturaleza. La necesito. 

Un viaje especial.
El que hice a Estambul para preparar La gran sultana, de Cervantes.

¿Qué desearía experimentar?
El túnel del viento. Y el parapente. No sé si seré capaz. ¡Pero acabo de nadar entre delfines en el océano Índico! 

El mejor consejo a su hijo. 
Que respete siempre a las mujeres. 

¿Ha sufrido acoso?
Acoso social, sí; en el trabajo, no, pero conozco muchos casos. Por suerte, ahora se pueden denunciar.

¿Qué medida aplicaría en este país? 
Aplicaría la ley del Mecenazgo a la cultura. Para tener museos gratuitos, por ejemplo, como en Londres. 

¿Cómo remonta un momento bajo?
Pienso de dónde vengo y cómo he llegado, dignamente, hasta aquí, Eso me da fuerza para afrontarlo todo.

Si no hubiese sido actriz...
Sería pianista, soprano. O pastelera.

¿Le gusta cocinar?
Más que aficionada, es que mi hijo es celíaco y en casa cuidamos la dieta. 

¿Qué escucha últimamente?
Rosalía, me encanta esa chica.

¿Qué superpoder le gustaría tener? 
Poder volver a los 20 años con la experiencia que tengo hoy.