Pablo Derqui "Creo que soy educado en exceso"

Actor. Su trayectoria está plagada de personajes inquietantes en televisión, cine y teatro. Asesino en 'Los ojos de Julia', maltratador en 'Nit i dia', cirujano obsesivo en 'Pulsaciones', ahora este barcelonés de 41 años, conversador generoso, viaja al pasado de su ciudad en 'La catedral del mar' (Antena 3). Encarna a Joan, hermanastro del protagonista, en la recreación televisiva del best seller de Ildefonso Falcones.

Su música imprescindible.
Bowie: un genio. Soy muy fan. Me fascina su libertad melódica.  

Un plato que disfrute.
Las anchoas. Y mejor, con amigos y una caña o vino tinto.

¿De nuevo un personaje torturado?
Pues, sí. Es curioso, no entiendo por qué me ven así, si en realidad yo soy muy bromista. Pero agradezco estos personajes: te obligan a transitar por los extremos y empatizar con ellos. 

¿Qué es lo peor de su trabajo? 
Que se premia más el producto comercial, la audiencia inmediata. Si hablas de arte, eres un pedante. Aunque las nuevas plataformas están mejorando la situación.

¿Con quién le gustaría trabajar? 
Me hubiera encantado con John Cassavettes. O con James Cagney, una bestia de actor, o James Mason (mi filme favorito es Lolita). Pero no soy mitómano: el otro día vi a un tal Andrew Scott en Hamlet y me fascinó. 

¿Qué le aporta felicidad? 
Nadar cada mañana: al salir, los problemas siguen ahí, pero ya no te agreden. Y por supuesto, ser padre. Es agotador, pero ver cómo un niño de dos años descubre la vida da felicidad. Y en octubre tendremos una niña. 

Un par de adjetivos que le definan. 
Soy muy tozudo. Y educado en exceso. Me cuesta mucho no ser amable, y a veces no hace falta ser tan atento. 

¿Y como actor?
Muy cerebral. Le doy mil vueltas a cada escena para mejorarla. Necesito un director que me diga: “Basta”.

¿Inseguro?
Es parte del oficio. A veces sientes vértigo, pero te dices: “Llevas meses ensayando, así que adelante”. Debes convivir con el miedo sin que te frene.

¿Tiene otros miedos?
Muchos. Por ejemplo, si gestionaré bien la educación moral de mis hijos, si seré consecuente, o cómo envejeceré en este oficio (veo a colegas mayores con ataques de pánico, con vértigo...). 

Una cualidad que valore.
La gente disciplinada, que sabe ser divertida y hasta gamberra, pero a la hora de trabajar es implacable.

Un pensamiento que le anime.
Para remontar un momento bajo debo cansarme físicamente. No me sirve hablarme, porque no me creo. 

Un libro que recomiende.
Del amor y otros demonios, de García Márquez. Y Murakami: La crónica del pajaro que da cuerda al mundo.

Un paisaje al que siempre volvería.
Menorca, desde niño. 

¿Qué le inquieta de la actualidad? 
Que se asume la mediocridad como algo natural. Que todo es blanco o negro. Las banderas aglutinan pensamientos y las grandes ideas anulan la realidad, que es poliédrica. Parece que la labor del político sea tapar la porquería y mantener el statuo quo. Como dice Calígula: “Gobernar es robar; lo sabe todo el mundo”. Aquí premiamos al listillo. Faltan filtros, control. Y excelencia. 

La catedral del mar evoca la sociedad feudal, tan injusta. ¿Encuentra alguna conexión con la actual?
La serie retrata una época de señores y esclavos. Hoy es más velado, pero existen esclavos del capital, compañías que marcan la pauta más que los presidentes. ¿Por qué no dejamos de engañarnos y asumimos que el auténtico dios es el dólar o el euro? Y a partir de ahí construimos algo...